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lunes, 10 de julio de 2017

"Troll" de Carlos Sisi.

Troll Carlos Sisi
Título: Troll
Autor: Carlos Sisi
Ilustrador: Begoña Fumero
Género:  Novela juvenil, fantasía.
Año de edición: 2017
Encuadernación: tapa blanda/Epub
Editorial: Apache Libros
Páginas: 136
Precio: 12€
ISBN: 978 84 94708459












 EL AUTOR. 

Carlos Sisi nació en Madrid, pero actualmente reside en Calahonda (Málaga). Al parecer su afición por la lectura y la escritura viene de lejos y, como otros muchos autores, ha recibido el influjo de las obras de Stephen King. Por lo demás, poco os puedo decir que no vayáis a encontrar en su sitio web (recomiendo que lo visitéis si queréis saber más sobre el autor y sus obras), pero me consta que es una persona cercana y simpática, amante de su familia y amigo de sus amigos.En cuanto a su producción, no os creáis que se limita a esta saga de temática zombie. No, no. Carlos ha escrito dos novelas más: La hora del Mar y Pantéon (que recibió el X Premio Minotauro en 2013); y una mini novela titulada Edén Interrumpido. Además, ha participado en antologías y ha publicado algunos relatos en la web.

SINOPSIS.

Nils Fredriksen es un niño de diez años que vive con su madre en el pueblecito noruego de Tanem, cerca de Trondheim. Pasa mucho tiempo solo jugando en los prados y bosques cercanos a su casa, pero no le importa porque tiene una imaginación desbordante, y sus fantasías visten su soledad. Una mañana, en pleno siglo XXI, Nils conoce a un Troll debajo de un puente, y de ahí surge una amistad alucinante que el mundo de los adultos no consigue comprender, respetar o... creer.

OPINIÓN


Desde que leí Los Caminantes me enamoré perdidamente de la prosa de Carlos y, sinceramente, ese amor sigue latente a día de hoy después de haber tenido el auténtico placer de leer Alma,  Historias con alma y Troll, mi última adquisición.
Empezaré diciéndoos que lo que más me ha gustado de esta historia es la naturalidad con la que Carlos cambia su voz narrativa según se ponga en la piel de un personaje o de otro, dando lugar a una narración sumamente realista que nos ayuda a conectar con los diferentes personajes que intervienen en ella.
Ahora bien, posiblemente el punto fuerte de esta historia sea justamente la aparición de tres personajes tan distintos entre sí, tres voces individuales y propias que nos van a acercar a la historia desde diferentes puntos de vista. Así, el protagonista indiscutible de la narración es Nils, un niño de diez años que se caracteriza por tener una gran imaginación. Este niño, según parece, es demasiado especial como para encajar entre sus compañeros de colegio y por eso durante el verano Nils se entretiene con la única amiga de verdad que tiene: su imaginación. Por otro lado, tenemos a la madre de Nils, Haya, una mujer que aporta la desilusión y la amargura que la vida proporciona. Haya es madre soltera y se ve obligada a trabajar sin descanso en una fábrica para poder mantener a su hijo, aunque eso significa que el tiempo que pasa con él es escaso y eso la hace sentirse tan culpable que, en ocasiones, parece buscar refugio en la bebida (o al menos esa es la conclusión a la que yo he llegado, ojo). Y por último tenemos a Berka, un troll milenario que ha sido herido por la mano del hombre y con el que  Nils establecerá una relación de amistad muy curiosa. Particularmente, me gusta muchísimo el contrapunto que se consigue al enfrentar la inocencia e imaginación de Nils con el desencanto y el realismo aportado por Haya. 
Y ahora viene la parte más maravillosa de esta pequeña narración: el final. A ver, no os lo voy a desvelar porque muchos me odiaríais por ello, pero sí que os voy a confesar una cosa: Troll tiene dos posibles finales. Sí, sí. Lo que oís. A ver, durante el Festival de Fantasía de Fuenlabrada tuve la suerte de acudir a una charla en la que participaban Carlos Sisi, Begoña Fumero y José del Río (editor); en ella hablaban del proceso creativo de la novela y en un momento dado Carlos Sisi confesó que el origen de la novela estaba en una película que vio en el cine… Bueno, mejor leéis lo que él mismo dice al respecto en su web oficial:
«TROLL empezó como un experimento literario. En cierta ocasión fui al cine, a ver una película de zombis, y terminó bien: Los supervivientes llegaron al puerto, subieron al barco, y se lanzaron al mar, en busca de islas no contaminadas por la pandemia. Salieron los créditos y la gente se levantó y se fue. Pero el rato, los que estábamos aún en la sala, nos encontramos con que la película continuaba. De repente pudimos ver cómo los supervivientes llegaban a una isla, y allí se enfrentaban a un inesperado número de zombis que, consecuentemente, acababan con ellos. Los créditos se reanudaron entonces.
Me quedé pasmado. Había gente que se había ido de la sala con la sensación de que la película acababa bien, y habría otros que tendrían una sensación contraria.»
Bien, como veréis la intención primaria de Carlos al escribir esta novela era conseguir que una misma historia tuviese dos finales al mismo tiempo, algo que en el cine es fácil de conseguir, pero que puede ser una auténtica pesadilla cuando intentamos plasmarlo en el papel. Sin embargo, desde aquí y con total sinceridad, ahora mismo puedo decir: Carlos, lo has logrado. Sí, señor. Has conseguido que al llegar al final de la historia tuviese que cerrar el libro y pensar en lo que había pasado antes de decidir cuál de los dos finales me gustaba más. 
Por otro lado, el libro incluye una serie de ilustraciones hechas por Begoña Fumero y, sinceramente, son todas deliciosas y te ayudan a adentrarte mejor en la trama. Aquí abajo os dejo dos de esas ilustraciones para que veáis que Troll es algo más que una simple novela, es un pequeño tesoro en el que podréis leer una historia llena de ternura y oscuridad al mismo tiempo que disfrutáis con unas imágenes delicadas y exquisitas.
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Además, en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada tuve la tremenda suerte de conseguir que mi librito estuviese firmado tanto por Carlos Sisi como por Begoña, quien se curró un montón su firma como podréis apreciar a continuación ^^

Para terminar, os diré que Troll es una historia sencilla y corta que se lee en dos ratitos, pero que te deja un regusto agridulce en el alma durante semanas.Así que... ¿a qué esperas para leerla?
 

martes, 23 de agosto de 2016

Amor y lágrimas

Es una auténtica pena que el tema que ha inspirado mi relato de hoy sea tan dolorosamente actual. Según las estadísticas proporcionadas por el Ministerio de Interior, a día 31 de julio de 2016 el número de víctimas de violencia de género en España ascendía 392.196, un porcentaje pequeño si se mira en relación con la población total de nuestro país (he hecho los cálculos y ese número de víctimas corresponderían al 0.84% de la población española), pero importante y alarmante al mismo tiempo. Sin embargo, más alarmante es saber que las Comunidades que lideran el ranking son Andalucía (91.988 víctimas), Madrid (68.570 víctimas) y la Comunidad Valenciana (56.825 víctimas). No he querido seguir investigando cuántas de esas víctimas habrán logrado superar la situación de violencia en la que se han visto inmersas, pero si me baso en los testimonios que he leído para documentarme acerca de esta situación, puedo decir que son pocas las víctimas que logran superar este trauma y muchas las que sucumben a él, ya sea quedándose en casa con su verdugo, ya sea pagando con su vida la ansiada libertad.

Siento tener que decir que mientras leía algunos artículos dedicados al tema en cuestión me he sentido totalmente horrorizada al ver los comentarios de algunos lectores. Por ejemplo, en este artículo del periódico 20 Minutos en donde una mujer habla sobre su experiencia te encuentras con ciertos personajes que dicen cosas como estas:
Que si chica si, me importa una soberana mierda tu vida de fantasía. Una de las elecciones más importantes en la vida de un hombre es elegir bien a la mujer. alejaros de las fantasiosas que venmaltratos y micromachismos por todos lados, son el tipo de mujeres que precisamente buscan eso y tratarán de violentaros y os arruinéis la vida. El mundo está lleno de mujeres sencillas, humildes, bonitas y con las cosas claras con las que se puede disfrutar de la vida en sus mejores formas, no os compliquéis con las feminazis ni las rayadas esas. Que se mueran solas de asco o se busquen un novio moro o africano que es lo suyo y lo que acaban haciendo muchas.
Es totalmente cierto que muchas mujeres tienen tendencia a enamorarse y colgarse sexualmente de malotes. Por alguna extraña razón les erotiza más que un buen chico. Y este caso es claro, ¿por que otra razón prefiere irse esta chica de 35 años con un viejales con mala leche, pudiendo salir con hombres de su edad o más jóvenes? Yo le aconsejo que esto le sirva para aprender a valorar las virtudes de los tiernos y buenos chicos de 28.

Y esos son sólo dos de los comentarios que he podido leer en algunos medios digitales y que me han hecho plantearme el hecho de que algo se debe estar haciendo mal cuando el hecho de que una mujer se sienta intimidada por la forma de ser de un hombre y su miedo llegue a ser tal que no sea capaz ni de denunciarle provoca reacciones negativas hacia la víctima en lugar de hacia el verdugo. ¿Qué es lo que pasa por la cabeza de una persona para menospreciar el miedo de otra? ¿Por qué nos negamos a entender que tenemos un problema, aunque este problema no implique al 100% de la población (y menos mal, oye)? ¿Por qué nos mostramos tan insensible ante el sufrimiento ajeno? Sinceramente, mientras me documentaba para escribir esta historia, he sentido en muchas ocasiones rabia al darme cuenta de que las personas afectadas por esta lacra no encuentran una solución rápida e indolora, sino que la solución al problema suele ser larga y, en ocasiones, termina muy mal. Y lo digo ahora por si acaso, me da igual el género de la víctima o del verdugo, porque la violencia es condenable en cualquiera de sus expresiones y resulta vergonzoso intentar aprovecharse de nimiedades para intentar restar importancia a una situación como esta.
Soy consciente, sin embargo, de que la cara más conocida de este drama que asola la sociedad mundial es la violencia contra la mujer y es por eso que mi relato refleja esa realidad, a pesar de ser consciente de que la otra situación existe también.

Ahora bien,antes de empezar a leerlo quiero que pensemos un poco en esta situación e intentemos entender que la violencia de género nos afecta a todos. Sí, nos afecta a todos porque el día de mañana podemos ser nosotros, o nuestras hijas, o nuestros hijos, o nuestros nietos... Nos afecta porque si lo ignoramos nunca va a acabarse y este comportamiento es indigno para un mundo del siglo XXI y para un país que se jacta de pertenecer al "primer mundo". Por favor, pensad en el mañana y pensad que solo nosotros podemos hacer que esto pare mediante la educación. No hay ninguna excusa para ejercer la violencia, ya sea física, verbal o psicológica contra ningún ser humano, pero mucho menos si ese ser humano es la persona que hemos decidido que nos acompañe en nuestro día a día. 

Por último deciros que este relato en principio iba a ser algo  corto e impactante, pero según escribía me he dado cuenta de que todas las Silvias del mundo se merecen algo mejor que unas pocas líneas en un blog desconocido y poco a poco, casi sin darme cuenta, el relato ha empezado a crecer y volverse más complejo. Por eso voy a ir publicando la historia de Silvia y María por capítulos durante las próximas semanas.

Espero de corazón que os guste y desde aquí les mando todo mi apoyo a todas las víctimas de la violencia. ¡Sed fuertes y no dejéis que os hagan creer lo contrario!

                   
Cuando la puerta de la entrada chirrió, María se sobresaltó y sintió a su madre tensarse y abrazarla con más fuerza tras ella. Ambas cerraron los ojos mientras los pasos inciertos de quien se encuentra embargado por el alcohol se acercaban a la habitación cerrada que se había convertido en su refugio. Silvia sintió las lágrimas en los ojos, pero contuvo las ganas de gritar y miró a la pequeña que se acurrucaba temblorosa junto a ella. Debía ser fuerte. Escucharon los torpes intentos de su pesadilla intentando abrir sin éxito la puerta cerrada y Silvia agradeció haber instalado aquel cerrojo de seguridad. Pronto se oyeron las primeras maldiciones seguidas de los golpes contra la pared. María comenzó a sollozar en silencio y Silvia se maldijo a sí misma por no ser más valiente. Si fuese una mujer valiente, su hija no tendría que sollozar en una habitación mientras su padre gritaba en el exterior; si fuese una mujer valiente, se levantaría y se enfrentaría contra el hombre que había convertido sus vidas en una pesadilla. Sin embargo, el recuerdo de su último enfrentamiento la hacía ser prudente.
—¡SAL DE AHÍ PUTA! ¿ACASO NO VES QUE HE LLEGADO A CASA Y QUE QUIERO QUE MI MUJER SALGA A SALUDAR?
Silvia se encogió. Los fines de semana la situación se volvía insostenible. Marc siempre volvía borracho los viernes y el alcohol provocaba que sus ganas de pelea aumentasen, así que después de varias palizas había decidido montar aquel refugio en la habitación de su hija. Pronto la voz de Marc se volvió más suave y eso la puso los pelos de punta porque ella sabía que aquel era el punto más peligroso.
—Venga, amor, sal a verme. Llevo un día muy duro en el trabajo y me vendría bien que me calmases.
Silencio. Silvia se mantuvo callada y apretó a su hija contra su pecho mientras intentaba tapar sus oídos.
—Sabes que si no sales ahora la cosa irá a peor, Silvia. Créeme cuando te digo que me estoy cansando de tus juegos.
Las manos volvieron a forzar el picaporte de la puerta mientras el cuerpo tambaleante empujaba con fuerza al otro lado en un intento de acceder a la habitación. Silvia pudo escuchar el gruñido de su marido al darse cuenta de que la puerta no iba a ceder.
—Muy bien, cariño, tú lo has querido —dijo la voz al otro lado—. En algún momento tendréis que salir de ahí y lo sabes.
Escuchó los pasos alejarse a través del salón y sintió como algo en su interior se rompía. No pudo evitar llorar mientras pensaba en la pesadilla en la que se había convertido su vida. No podía seguir así. Su pequeña no se merecía vivir aquella mierda. Tenía que marcharse. Entonces, con la seguridad de quien ha sufrido lo indecible, Silvia supo que aquella sería su última noche en aquella casa de los horrores.


                  
El amanecer las descubrió todavía acurrucadas. Silvia no había pegado ojo en toda la noche, temerosa de que aquel animal rabioso que vivía con ellas aprovechase la noche para volver a por ellas. Miró por la ventana de la pequeña habitación y la ciudad bañada por los rayos del sol otoñal la hizo sentir en paz, como si el mundo entero apoyase lo que iba a hacer. Respiró hondo mientras observaba el rostro pálido de su hija y su decisión se afianzó. La sacaría de allí.
Mientras su hija dormía tranquila, ella preparó una pequeña mochila con algo de ropa por si acaso lo necesitaba. Cuando estuvo lista abrió con cuidado la puerta que las había mantenido a salvo durante los últimos meses y se asomó con cautela para verificar que Marc no se había quedado en el sofá a dormir. Sin embargo, sus ronquidos sonaban lejanos. Seguramente había cerrado la puerta de su habitación antes de acostarse. Salió del cuarto procurando no hacer ruido con sus pies desnudos y fue a la cocina. Hacía un año que había empezado a guardar dinero en un tarro de la cocina para posibles imprevistos y ahora iba a hacer buen uso de las limosnas que su marido había dejado en sus manos. Abrió el armario donde guardaba las ollas, y se paralizó al oír el chirrido de las bisagras. Permaneció quieta y aterrorizada mientras escuchaba, pero los ronquidos de Marc se mantenían. La resaca jugaba a su favor.
Con el frasco lleno de dinero en su mano y la sensación de tener la libertad en la punta de los dedos, Silvia volvió junto a su hija. Metió el tarro en la mochila y se la colgó a la espalda antes de coger en brazos a la pequeña. María abrió los ojos y miró a su madre sin entender, pero el gesto de su madre fue suficiente para que la pequeña se mantuviese en silencio mientras atravesaban juntas el salón y abrían con cuidado la puerta principal del que había sido su hogar.
El aire de la ciudad era frío, pero Silvia lo agradeció mientras caminaba deprisa por las aceras vacías de su barrio. Sabía perfectamente dónde debían ir y también sabía que debían hacerlo rápido, antes de que Marc se levantase y decidiera ir a por ellas.
El edificio gris de la policía apareció pronto ante sus ojos y Silvia no pudo evitar sonreír consciente de que estaba a un paso de poner fin a aquella situación que ella había consentido durante dos años por miedo. Ahora la rabia era más fuerte que ese miedo y ella lo sabía.
                  
Dos agentes con aspecto aburrido custodiaban el acceso al edificio, pero Silvia no se amedrentó y siguió andando hasta estar a su lado. Los dos agentes la miraron sorprendidos y por primera vez fue consciente de que su aspecto no debía de ser el mejor. Llevaba varios días sin dormir y los golpes de la última paliza debían de estar aún presentes en su rostro, además, no había tenido tiempo de cambiarse el pijama ni de peinarse un poco. Sonrió con tristeza.
—Quiero denunciar a mi marido.
Notó la voz más áspera de lo que acostumbraba, pero se alegró de haber sido capaz de hablar. Uno de los agentes, el más joven, se le acercó con una sonrisa tranquilizadora mientras el otro abría las puertas.
—Pasad. Ahora estáis a salvo.
Por primera vez en mucho tiempo, Silvia sintió brotar de sus ojos lágrimas de alegría, no las lágrimas amargas del miedo o el dolor, sino aquellas que aligeraban su alma con la promesa de una posible felicidad.
—Si quieres nos podemos llevar a la pequeña para que coma algo.

Asintió agradecida, incapaz de hablar debido al nudo que tenía en la garganta. Una mujer acudió desde el interior y las sonrió mientras cogía a María de entre sus brazos. En ese momento, Silvia sintió todo el cansancio acumulado y entró al edificio como un maratoniano llega a la línea de meta: agotada, pero feliz.


domingo, 11 de octubre de 2015

Reflexiones sobre la labor de los padres en la educación

Muchos ya sabéis que soy profesora, una labor que me tiene totalmente absorvida y que no me deja tiempo para disfrutar de los pequeños placeres mundanos como actualizar mi blog (sí, sé que suena a excusa, pero es realmente cierto), ya que cada día llegó a casa agotada después de lidiar durante todo el día con niños que cada día son más difíciles de tratar. Así pues, voy a aprovechar este remanso de paz otorgado por el festivo de mañana (alabados sean los festivos) para compartir con vosotros una reflexión sobre la vida.
         
Como ya he dicho, trabajo con niños. Bueno, mejor dicho, trabajo con adolescentes...que no es lo mismo. Los adolescentes son complicados. No olvidemos que están inmersos en la peor etapa de la vida: cambios físicos (con los que a veces no nos sentimos cómodos), vaivén emocional, inseguridad, paranoias (sí, sí...es típico de la adolescencia tener la sensación de que todo el mundo va en contra tuya, que todo lo que el profesor dice lo dice por tí...¿os acordáis?)...Vamos, que la adolescencia, se mire por donde se mire es una auténtica mierda y solamente nos damos cuenta de que la vida no es así cuando, por fin, las hormonas nos dan un respiro y empezamos a ver el mundo sin las gafas de la adolescencia. ¡Y qué respiro, señores! El caso es que mis alumnos están viviendo ese período. Unos lo están empezando (pobrecitos míos, no se dan cuenta de que están metidos en la mierda hasta que ya es demasiado tarde), otros están en pleno apogeo y otros ya están llegando al final del camino (¡ánimo, mis campeones!).  Esta circunstancia hace que mi labor sea aún más delicada si cabe. Tengo que ir con pies de plomo, midiendo mis palabras, estudiando mis gestos...porque cada adolescente es diferente y lo que a uno le viene bien, a otro le puede hacer un daño irreversible. Yo intento ir siempre a clase con una sonrisa y mi nivel de paciencia reforzado, porque ellos necesitan algo así, pero también voy preparada para parar los pies al que quiera salirse del tiesto para captar la atención del grupo a expensas de perder la dignidad, porque, aunque ellos no lo sepan, la disciplina es muy importante para su desarrollo personal y futuro. En serio, hay adolescentes que se encuentran tan perdidos en todo este proceso que tienden a perder su propia identidad para adoptar un rol dominante y así encajar: el rol del payaso (siempre hay alguno, son esos alumnos que interrumpen tu explicación para contar una anécdota divertida que no viene a cuento, que vacilan al profesor pensando que el resto apreciará el humor de la situación, ...), el rol del malote ( tipo: "hago lo que quiero y cuando quiero, y que os den por culo a todos"), el rol del deportista ("como voy a ser futbolista profesional, profe, no sé para que me sirve todo esto, así que voy a hacer lo mínimo y, de vez en cuando, apoyaré al malote para no aburrirme")... En estos casos hay que mostrar mano dura y no porque a mí nos moleste excesivamente que alguien pase de estudiar o de trabajar, sino que nos molesta que alguien haga que otros pierdan su derecho a estudiar y a trabajar. Y aquí empieza la parte complicada de trabajar con adolescentes porque ellos nunca ceden y, evidentemente, nunca han hecho nada malo; así que tienes que mantener un pulso con ellos para afianzar tu posición en la clase. No nos engañemos, el profesor debe demostrar día tras día que es el líder de la manada (como diría el encantador de perros) para mantener el control sobre los 30 adolescentes confusos que están en clase, si no lo hace...que los dioses se apiaden de él, porque sabrá de primera mano lo que es el caos absoluto.
Sin embargo, la posición del profesor en el aula se ve amenazada continuamente y, desgraciadamente, la amenaza no proviene únicamente de los alumnos; a veces los padres hacen un trabajo excelente minando la autoridad del profesor. De modo que nos vemos obligados a luchar no solo contra el adolescente sino también contra el adulto que, váyase a saber por qué motivo, ha retrocedido y ha vuelto a sumergirse en el maravilloso mundo de la adolescencia. (Si hay padres en la sala, por favor, no os sintáis en ningún momento ofendidos por mis palabras. Os recuerdo que solamente estoy compartiendo una reflexión personal y, como tal, puede no ajustarse 100% a la realidad)
El trabajo de los padres en casa es importante para asegurar que su hijo aproveche bien el tiempo que gasta en el colegio y para asegurarse de que su hijo adquiera unos compromisos morales y éticos que más adelante le serán de utilidad. Por eso la mayor parte del profesorado no entendemos cómo es posible que los padres decidan abiertamente no apoyar la labor del profesor e incluso se sientan en el derecho de juzgar y sentenciar la labor del docente basándose en los poco fiables testimonios de un adolescente (recordáis lo de la paranoia, ¿verdad?). Es aterrador que un adolescente encuentre apoyo en sus padres para oponerse a la autoridad del profesor, porque, seamos sinceros, el profesor desacreditado por los padres pierde automáticamente su estatus, ya que el adolescente ha recibido carta blanca para ignoraro vejar al profesor consciente de que no habrá repercursiones en casa porque: "es que ese profesor le tiene manía", "está amargado", "no sabe tratar con niños", etc. En una ocasión tuve un choque con un padre porque llamé la atención a su maravilloso hijo por poner los pies en el respaldo del asiento del autobús en el que volvía a casa y los padres de la criatura lo veían innecesario porque: "el autobús de la ruta está para que se relajen"; como yo no compartía su opinión, inmediatamente me convertí en una mala profesora y, según palabras de la madre en cuestión: "si no sabes tratar con adolescentes, deberías dejar este trabajo". Llevo poco tiempo en esto, pero esa afirmación, tan fría y carente de razones (ya que esa mujer jamás me ha visto dando clase), fue como un mazazo, de verdad. Nunca más tuve control sobre ese chico. Si yo le decía que hiciera algo, pasaba de mí o hacía justamente lo que le decía que no hiciese. Y, ¿por qué? Porque sus padres le habían dado su apoyo incondicional y habían demostrado que no iban a apoyar a la autoridad pertinente, yo.

¿Es triste, verdad? A mí me produce una confusión sin límites, porque...¿qué están aprendiendo esos chicos? Nada. Realmente sus padres, que supongo lo harán con toda la buena intención del mundo, les están convirtiendo en tiranos y anárquicos. Esos chavales, inmersos en un estado de afianzamiento del "ego", están aprendiendo que ellos son los primeros y que sus deseos priman sobre los demás y sobre las obligaciones. Y eso no les va a ser útil cuando salgan de la escuela, seamos realistas. Así que, padres del mundo, quered a vuestros hijos, pero que ese amor se refleje en un interés porque vuestros pequeños se hagan personas de provecho, con buenos valores y una buena educación que les sirva para afrontar el futuro que les espera. No os equivoquéis, el hecho de que les déis la razón en todo o que les déis todo lo que quieren, sea lo que sea, no va a ayudarles a ser mejores personas, sino que les va a convertir en personas incapaces de valorar el esfuerzo propio y del prójimo, personas incapaces de aprender de sus errores (porque nunca habrán tenido que hacerlo), personas que no saben apreciar el valor de lo que tienen...Y sé que es difícil, porque es una lucha continua con ellos, porque os dirán: "te odio" o "tú no me entiendes", y sentiréis que se os parte el corazón y os flaquean las fuerzas; pero tenéis apoyo, padres, no os sintáis solos en esta batalla porque los profesores estamos ahí, reforzando vuestra labor, queriendo ser vuestros aliados y cómplices en una guerra emocional que, creedme, acabará y cuando lo haga vuestros hijos serán conscientes de lo mucho que habéis hecho por ellos y os agradecerán que no les hayáis permitido rendirse a la oscuridad. Pensad que los alumnos se acuerdan más y con cariño de los profesores que tuvieron mano dura con ellos, que de aquellos que les dejaron hacer lo que quisieron; así que, ¿por qué creéis que a vosotros no os lo agradecerán?
Por último deciros, padres del mundo, debéis pensar que vuestros hijos solamente van a pasar un tiempo limitado de su tiempo en la escuela y, sin embargo, van a pasar toda la vida con vosotros. Así que, ¿qué menos que cubriros las espaldas?


jueves, 2 de julio de 2015

Mi experiencia con Ediciones Hades

Me ha costado bastante sentarme para escribir sobre este tema, en parte porque estaba muy reciente, en parte porque me daba rabia reconocer el error que cometí. Empecemos por el principio...

Llevaba ya tiempo buscando editorial para la primera parte de Eterna Oscuridad y, como escritora novata, tenía demasiadas prisas por colocarla, la verdad. Un día de Semana Santa recibí una llamada de una editorial que me informaba de que "La sombra de una esperanza" había pasado el control de lectura y estaban interesados en publicarla. ¿Os imagináis la ilusión que me hizo la noticia? El sentimiento de orgullo y satisfacción que se me quedó cuando colgué el teléfono fue inolvidable.

Más adelante volvieron a llamarme para confirmarme su interés y ofrecerme un contrato. Me comentaron que los primeros cincuenta ejemplares debían venderse en la presentación o después, pero que si no vendía esos primeros ejemplares, no habría distribución a las tiendas. Acepté. La cosa fue muy rápida. Había que organizar la publicación en un plazo muy corto. Me mandó el manuscrito corregido. Lo leí. Había errores. Se lo volví a enviar marcando los errores. Me aseguró que los había subsanado. Nunca volví a recibir el texto para darle el visto bueno y yo, tonta ilusa, me fié del que era mi editor.Aún así, yo estaba viviendo un sueño y no me preocupó demasiado que el contrato no llegase. De hecho, no sé si lo firmé antes o después de mi presentación; lo que sí sé es que lo firmé en mitad de la calle, junto al coche de mi editor después de una presentación a la que acudí.
En mi presentación no vendí los ejemplares que debiera, pero los fui vendiendo poco a poco después. Cuando terminé de venderlos, salió la segunda edición y empezó la distribución a las tiendas y librerías.
La cosa no fue como yo esperaba. Me dio la sensación de que Hades se lavaba las manos con esta segunda edición. No hubo publicidad de ningún tipo por parte de la editorial, sino que debía ser yo quien publicitase mi novela en las redes sociales. Y yo seguía en mi mundo yupi,hasta que empezó a mosquearme el hecho de que nunca recibiese informes de ventas y que el único dinero que recibiese era aquel que conseguía yo misma a través de la venta directa de ejemplares. La gente me traía el libro para que lo firmase, mis alumnos del colegio también, pero mi editor siempre decía que no se vendían libros. Ahí empecé a sospechar que me la estaban dando con queso, pero no hice nada. Simplemente me senté, releí mi contrato y empecé a contar los días que faltaban para que llegase a su fin.
A día de hoy mi relación con Hades parece seguir presente. Hace poco autopubliqué "La sombra de una esperanza" en Amazon e, investigando, me dí cuenta de que mi libro seguía disponible en diversas plataformas bajo el sello de Hades. Al principio le escribí pidiéndole que retirase los ejemplares digitales, pero no le dije nada de los ejemplares en papel, porque, como habréis notado, soy un poco mema y pensé que si le quedaban ejemplares en casa, tampoco tenía que comérselos así sin más. Sin embargo, el día 12 de Mayo me llegó el siguiente mail:

Tenemos en el almacén 40 ejemplares de su novela.
Si las quiere se la podemos mandar a 2 euros por ejemplar más gastos de envío.

Eso ya me pareció una auténtica tomadura de pelo. No contesté, pero hoy he vuelto a sondear la web y me encuentro con que mi novela sigue disponible en ambos formatos en diferentes plataformas. De hecho, se puede comprar sin problemas. Le he escrito y su respuesta ha sido que: "El libro está de baja. Más no te puedo decir". Y ahí me ha dejado, de nuevo con cara de idiota.

Y ahora querréis saber, ¿por qué os lo cuento? Pues os lo cuento para que no cometáis el error que yo cometí. Si queréis publicar estáis en vuestro derecho, pero prestad atención a las editoriales buitres (llámense Hades o Pepito) que se aprovechan de vuestra ilusión para ganar unos eurillos a vuestra costa. Buscad una editorial seria, que os ofrezca informes de ventas y que os ayude con la publicidad; huid de aquellas que requieren vender X ejemplares en la presentación, porque lo que quieren es ganar ellos...pensad lo siguiente. Mi novela se vendía por 18€ y los 50 primeros ejemplares (esos que tenía que vender yo) no tenían gastos asociados a distribución, con lo que mi editor se sacó limpios 900€. Y ahora pensad que no solo sacó mi novela adelante, sino que hubo como cinco más (y tiro por lo bajo) en ese mismo año (4.500€ con cinco novelas). Yo he hecho el calculo en la empresa de edición que uso Hades (printcolor) y cincuenta ejemplares de las características de mi novela salen por unos 340€ (y he añadido opciones extras), con lo que nos quedan 560€ limpios por autor. ¿No os parece un engaño?

En fin, ahora ya sabéis un poco más de mi experiencia personal con Ediciones Hades (y me consta que no soy la única que se ha sentido engañada por esta editorial) y espero que mis errores os sirvan para aprender y ser más prudentes que yo.

Un saludo, amigos.