sábado, 31 de diciembre de 2011

La última entrada del año.

Se acaba el año. Un año que ha sido duro para casi todos los españoles, un año que ha traído más lágrimas que sonrisas, ha separado familias, ha golpeado las ilusiones de la gente, ha provocado que los sueños se rompan en mil pedazos y queden esparcidos por el suelo por el que nosotros andamos descalzos... Un año de mierda, vamos, aunque eso sí, ha tenido sus momentos buenos también (no vamos a negarlo). Seguro que todos habéis tenido vuestros momentos alegres durante este año, quizás unos habéis tenido más momentos alegres que otros y eso está bien, la verdad.
En fin, esta entrada que inicio con un tono deprimente digno de una carta suicida no pretende ser eso, deprimente, sino servir como una reflexión del año. Se han puesto de moda las entradas reflexivas en las que la gente hace balance del año que se acaba y se ilusiona con las probabilidades del año que empieza, una moda que me ha resultado agradable y que he acogido con los brazos abiertos...sí, es un eufemismo para decir que les he plagiado la idea a mis amigos bloggeros :)
Bueno, para mí este año ha sido especialmente duro. Ha sido un año de esfuerzos vanos, ilusiones rotas, decepciones...un año de luchar continuamente por todo. Sin embargo, he de reconocer que este año me ha proporcionado momentos muy buenos y me ha enseñado cosas que no habría podido aprender de otra forma. Este año 2011 he aprendido a decir basta cuando no puedo más, a protestar cuando es necesario, a perseverar en mis decisiones, a pensar antes de actuar, a madurar, a vivir el presente y a soñar... He conocido la cara más horrenda del mundo, pero también he conocido la cara más amable a través de todos aquellos que, sin haberme visto en la vida, me han prestado su apoyo y sus consejos en los momentos más duros, aquellos amigos que me han escuchado cuando necesitaba hablar y me han hablado cuando necesitaba algo que escuchar... He descubierto que no estoy sola en el mundo, que existen muchas personas como yo, que no soy rara, sino especial. He descubierto que, por muy mal que pinte todo, siempre hay que conservar una luz en el horizonte, algo que nos sirva de guía en la oscuridad y nos proporcione calor en las noches heladas.
Este año he abandonado antiguas amistades y he retomado otras; he conocido a gente maravillosa que me ha demostrado que lo importante no es quedar todos los días a tomar un café, sino compartir un sueño y ser capaces de ayudar a otros a cumplirlo. No me arrepiento de nada de lo que ha pasado este año. Sería una estúpida si lo hiciese porque arrepentirse del pasado no soluciona nada, solamente nos hace sufrir durante más tiempo y nos hace olvidar la lección que esos errores han dejado tras de sí. No, no me arrepiento de haber sufrido tanto porque ese sufrimiento me ha ayudado a crecer como persona y me siento orgullosa de mí misma y de la forma en que he superado todos los obstáculos que se han puesto en mi camino.
El 2011 ha tenido, como ya decía, momentos muy buenos. En primer lugar, he conocido a unas personitas maravillosas que se han convertido en parte de mi vida y que se han ganado un lugar privilegiado en mi corazón a pesar de no habernos visto en persona. Vosotros, personitas de mi corazón, ya sabéis quiénes sois y sabéis que me alegro de haber consigo meteros en mi vida y que os deseo lo mejor.
En segundo lugar, he empezado a cumplir un sueño que había mantenido en suspenso durante mucho tiempo. Este año comencé a mover mi primera novela y a luchar para publicarla... Es más, este año he salido del armario de escritores y he gritado a los cuatro vientos que escribo, algo que nunca me había atrevido a hacer por miedo al rechazo de los demás. Los sufrimientos de los que os hablaba me han llevado a quedar finalista en un concurso de relatos y mi relato Cambiar la historia, que sirve como recuerdo de uno de los momentos más negros de este año, ha sido publicado... ¡qué alegría! Supongo que la mayoría de vosotros me entiende. No es que me hayan dado dinero...no, simplemente me han publicado y eso para mí es un logro monumental, algo que me llena de orgullo y mucho más sabiendo que ese pequeño relato es una pequeña parte de mi alma y ha llegado al corazón de otras muchas personas que lo han leído y han llorado con él.
Mi novela sigue aparcada, a la espera de que alguien se interese por ella...no me importa; como bien dice mi compañera Raquel: lo que tenga que ser, será. No me doy por vencida y sé que, tarde o temprano, publicaré Eterna Oscuridad de una forma u otra...tengo toda la vida por delante y una paciencia a prueba de balas. Además, tengo la satisfacción de saber que otros han leído mi historia y han terminado encantados...incluso me han escrito críticas!!! ¿Cómo iba a pensar en eso hace unos años cuando lo que escribía no salía de mi ordenador? Ahora sonrió cuando alguno de mis amigos y compañeros me felicita por lo que escribo, me siento flotar en una nube y me lleno de orgullo...por fin lo he hecho. Me atreví a ser valiente y dar el salto, y vosotros, amigos, me recogisteis entre vuestros brazos. Mil gracias.
Todo este apoyo desemboca en la última noticia positiva que trae este año: la web. Durante esta semana me vino la inspiración y decidí que sería interesante tener una web dedicada a mi novela, una web con información detallada sobre ella y sobre mí, con novedades especiales para mis lectores. Y la hice. Construí la web de Eterna Oscuridad que podéis visitar haciendo click en el link.
Como final a esta entrada caótica, sentimental y extraña como la autora misma, quiero decir que no sé qué me deparará el nuevo año. No sé si será mejor o peor que este año que se marcha, y tampoco quiero saberlo, la verdad. Sin embargo, lo que sí que sé es que continuaré luchando como una fiera por todo aquello que me importa, seguiré ayudando a todos esos amigos y compañeros que comparten esta locura de sueño literario, y me esforzaré por seguir sonriendo aunque me cueste...ah! y, por supuesto, seguiré plasmando mis pequeños desvaríos en este espacio que se ha convertido en el último lugar libre de mi vida.
Muchas gracias por estar ahí en este año, amigos míos, y espero que el 2012 os traiga tantas sonrisas como os merecéis.
Un beso y un abrazo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Especial Navidad

PÁRAMOS DE SOLEDAD OS DESEA...¡FELICES FIESTAS!

Amigos lectores, lo primero de todo quiero desearos unas felices fiestas. Espero que todos estéis pasando estos días en compañía de vuestros seres queridos, recibiendo todo el amor que os merecéis y olvidando con los buenos momentos aquellos malos que habréis pasado a lo largo del año.
Estas Navidades quería hacer algo especial en el blog, pero no he tenido mucho tiempo y los contratiempos me han impedido estar presente en la blogosfera. Como bien habréis notado, he cambiado el aspecto del blog por uno más navideño, con copitos de nieve incluidos, y que espero os haya gustado. Sin embargo, el gran acontecimiento o el gran regalo del blog para estas fiestas es el siguiente relato navideño que tiene como protagonistas a Daniel y a Elisa (quiénes no les conozcáis, podéis ir a la pestaña de Eterna Oscuridad y allí se os aclarará todo).
En Elindora no existe la Navidad, pero existe una festividad equivalente en la que se celebra el nacimiento de la diosa Mirthal, diosa de la tierra, cuyo nacimiento supone el nacimiento del mundo y de los seres que lo habitan. Es una festividad importante, dura tres días durante los cuales el trabajo no está permitido y los habitantes de Ember se dedican a festejar este acontecimiento. Durante el tercer día, el día de las hogueras, los habitantes de las ciudades encienden hogueras y cada uno de ellos pide un deseo a la diosa lanzando una figurilla de madera al fuego; si la figura es consumida por el fuego, significa que la diosa no va a cumplir su deseo, pero si la figurilla permanece intacta al final de la fiesta, entonces el deseo se verá cumplido.
Pues nada, después de esta pequeña explicación sobre la festividad del Nacimiento, sólo me queda dejaros tranquilos para leer este pequeño relato que espero os guste y desearos un maravilloso fin de año y una magnífica entrada en el año nuevo.




El cielo estaba encapotado. Nubes de color blancuzco se extendían sobre sus cabezas, sumiendo el mundo en un día extraño de luz desvaída. Un día perfecto para aquellos que no pueden exponerse a los rayos del sol; para aquellos obligados a vivir en una continua oscuridad, ese tipo de días eran una bendición pues les permitía disfrutar de un paseo a pleno día.
Las dos figuras encapuchadas caminaban con paso tranquilo por uno de los caminos que unían la gran ciudad de Painthful con las aldeas de la costa. Los encapuchados andaban en silencio, concentrados en el tenue calor que los rayos del sol velado producían en su piel; un calor soportable, incluso agradable para ellos, que les permitía soñar con ser de nuevo humanos.
El camino que normalmente estaba bastante transitado por carruajes de nobles que se trasladan a sus villas o por las carretas de mercancías que acuden a la ciudad en busca de una buena venta o por aquellos campesinos que van en pos de un trabajo o una oportunidad; sin embargo, ese día el camino estaba vacío y silencioso.
- ¿A dónde vamos, Dan? - preguntó una de las figuras, rompiendo el silencio con una voz aterciopelada.
- He pensado que podríamos pasar estos días de fiesta en alguna de las aldeas de la costa. - contestó el otro mientras se giraba para ver a su compañera y dejaba ver una sonrisa.- Este tipo de festividades hacen fácil que nos mezclemos entre los humanos y yo tengo algunos amigos a los que hace mucho que no visito...
- Nos darán caza, Dan. - suspiró ella, deteniéndose en el camino y dejando que la capucha resbalase por sus cabellos rizados.
- No puedes pensar siempre lo peor, Eli. - la voz del joven estaba preñada de tristeza mientras observaba los ojos verdes de la muchacha teñidos por el rojo pardo de la sed. - ¿Otra vez estás hambrienta?
- No. - contestó ella, bajando la mirada y acelerando el paso para evitar otro de los sermones de su compañero.
- Elisa, no puedes hacer eso. - dijo él, poniéndose a su altura y deteniéndola para mirarla a los ojos. - Si sigues fingiendo que puedes aguantar terminarás cometiendo una locura, ya te lo he dicho mil veces y...
- Lo sé, lo sé. - interrumpió ella. - No quería interrumpir la marcha, eso es todo.
- A veces me cuesta entenderte, Elisa. - suspiró él y, con una sonrisa, tomó el pálido rostro de ella entre sus manos y depositó un suave beso en su frente.- Venga, busquemos algo que  haga recuperar ese magnifico color verde a tus ojos.

Elisa nunca podría olvidar ese año. Fueron las últimas fiestas del Nacimiento que vivió con Daniel y las primeras desde su conversión en las que se había sentido casi normal. Aún podía recordar lo hermoso que le había parecido todo...la aldea a la que llegaron estaba adornada con miles de velas, telas de colores que colgaban de las casas o cruzaban las calles de balcón a balcón. La gente reía y bebía, cantaban canciones dedicadas a la diosa que trajo la luz al mundo... Nadie se fijaba en ellos mientras atravesaban las calles atestadas y se dirigían a las casas ubicadas en la parte norte. Se sentía completamente normal, como si ella misma pudiese llegar a mezclarse entre aquellas personas, quizás incluso podría convencer a Daniel de que fuese su pareja de baile...quizás podrían beber ponche a la luz de las hogueras y reír con las historias de los narradores...quizás pudiesen disfrutar de una noche normal, que culminaría con un beso tímido a la luz de alguna vela... Suspiró con tristeza y volvió a observar a aquellos humanos que se divertían sin advertir la amenaza que caminaba entre ellos; aquellos seres tan inofensivos ahora, pero que podían darles caza como si fueran animales. Y sintió su cuerpo hervir por la ira, los colmillos luchando por salir de su escondite, su parte más animal instándola a acabar con todos aquellos que tanto dolor podían causarle...aquellos seres que no podían ser más que comida para ella.


Daniel sonreía mientras observaba el rostro iluminado de Elisa, absorta en la contemplación de las celebraciones y sorprendida por la posibilidad de pasear entre humanos sin que intentasen darles caza. Desde que abandonaran la orden, Daniel se había sentido desolado por la vida que aquella joven iba a tener que llevar...alejada del mundo que conocía, obligada a esconderse, temerosa de todo aquel que se acercase... Él había pasado por ello, pero pronto había entrado a formar parte de la Orden y se había sentido arropado por la comunidad, algo que había hecho más fácil aceptar su condición como vampiro. Sin embargo, a Elisa le habían arrebatado esa oportunidad de vivir una vida casi normal, rodeada de gente en la que confiar, y eso le dolía más que cualquier otra cosa. Por eso, verla allí, rodeada de gente, y sonriendo le hizo pensar que la diosa le había concedido su deseo, el único regalo que podía pedir en una fecha tan significativa como aquella.
Lo notó incluso antes de que empezara. Conocía tan bien a Elisa que era capaz de leer sus pensamientos sin necesidad de tener ese don que ella poseía. Vió como su sonrisa se congelaba en sus labios carnosos adquiriendo la imagen de una mueca y supo que estaba teniendo uno de sus ataques...Siempre se olvidaba de que era joven. Demasiado joven como para controlar esos instintos que la susurraban instándola a dejarse llevar por su naturaleza. Nunca se había rendido y Daniel jamás había tenido la necesidad de pararla, pero nunca antes habían estado rodeados de tantos humanos...el olor de la sangre caliente inundaba todo el aire y Daniel se sintió estúpido por no haberlo notado antes.
- Elisa. - susurró, poniendo sus manos sobre los delicados hombros de su compañera que temblaba violentamente.- Venga, Eli, tú puedes vencer...lucha...imagina que estos humanos son parte de tu familia. - sabía que ese era un golpe bajo, pero también conocía bien a Elisa y sabía que ese comentario conseguiría traerla de vuelta. - Tu abuela, tu madre, tu padres...los hermanos que nunca tuviste...
- Dan...- susurró ella, cerrando los ojos y concentrándose en las imágenes que su compañero le transmitía.- ¡Oh, Dan! Lo siento mucho...no sé que...
- No pasa nada, Eli. - le tranquilizó él, sonriendo mientras la conducía con cuidado a una callejuela poco transitada. - Vamos, necesitas respirar aire fresco, querida.

Como siempre él la había salvado. Había impedido que se lanzara sobre aquellos humanos indefensos y los asesinará a todos. Había impedido que se convirtiera en lo que más odiaba. Daniel siempre la salvaba, siempre estaba allí para protegerla y devolverla al buen camino. Y mientras andaban por las callejas tapizadas de serrín, mientras los primeros copos de nieve caían sobre ellos creando fantasmagóricas sombras al pasar junto a las velas, mientras Daniel tomaba su mano con cariño y sonreía...entonces supo que él era el regalo que la diosa le había enviado.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Los antagonistas y su vídeo

Hace una semana os traje a los protagonistas de Eterna Oscuridad a través de un vídeo que pretendía presentároslos de una manera más personal y atractiva. Pues bien, ahora le ha llegado el turno a la otra parte; a aquellos que os harán sufrir a lo largo de la novela :D
Espero que os guste tanto como el anterior y, por supuesto, que comentéis y deis vuestra opinión :D

lunes, 21 de noviembre de 2011

Los protagonistas. Versión definitiva

Buenos días!!!! Pues aquí tenéis la versión definitiva del vídeo. A lo largo de esta semana colgaré un nuevo vídeo dedicado, en esta ocasión, a los personajes más oscuros de la novela.
Espero que os guste!!!

sábado, 19 de noviembre de 2011

Buenas tardes, amigos míos.
Volviendo a retomar un poco la novela, aquí os dejo el vídeo que he montado para presentar a los personajes de Eterna Oscuridad.
Bueno, dado que mi amiga y compañera Raquél comentaba que la letra le parecía un poco sosa, he creado el mismo vídeo pero con otra fuente...¿cuál os gusta más? Ya sabéis que vuestras opiniones sí cuentan, así que...ánimo!
Espero que os guste!



miércoles, 16 de noviembre de 2011

Lo que mis musas piden

Hace tanto frío que noto los dedos entumecidos mientras golpean las teclas del portátil que descansa sobre mis piernas extendidas, proporcionándome un delicioso calor que agradezco con una silenciosa sonrisa. La casa está tranquila, como todas las mañanas cuando los niños se han ido al colegio y los padres están trabajando...y tengo la casa para mí. 
A través de los grandes ventanales de mi habitación puedo ver el bosque vestido de los colores otoñales y bañado con pequeñas gotas que la niebla nocturna ha depositado con suavidad en sus hojas, lo que hace que el tímido sol que traspasa el velo grisáceo que cubre el cielo refleje sus rayos en ellas y el bosque se convierte en un maravilloso espectáculo de colores y reflejos.
Todas las mañanas hago lo mismo. Me tumbo en mi cama, enciendo el ordenador y, mientras mis dedos descansan en el teclado, observo el bosque a la espera de esa inspiración que me permita completar algo...una página, un capítulo...Y siempre pasa lo mismo: nada. No sé por qué el bosque me inspira, pero mis dedos no parecen estar dispuestos a teclear y mi cerebro se ve incapaz de hilar frases que me parezcan adecuadas... Me frustro y termino divagando...pensando...echándote de menos. Entonces hoy he comprendido al fin que la inspiración siempre ha estado a mi lado. Me susurraba, pero yo no quería escucharla porque yo quería escribir sobre algo y ella me hablaba de otra cosa muy distinta... Y aquí estoy. Prestando atención a las palabras que se deslizan en mi mente y poniéndolas en este espacio que otros tantos pensamientos y divagaciones ha recibido.
Mis musas me suplican que hable de ti.  Me imploran que ponga por escrito lo mucho que te echo de menos...así que ahí va.

El frío siempre me recuerda a ti. No porque seas frío o distante...no. Me recuerda a ti porque cuando llega el frío suelo arrimarme a ti para que me des calor...recuerdo que te quejas y dices que te molesto, y yo respondo con una sonrisa y mis pies helados enroscándose en tus piernas lo que te hace lanzar un gemido molesto por el repentino frío. Así que aquí, en esta cama, siempre echo de menos poder enroscar mis pies helados en tus piernas...y que me digas eso de: ¡quítate los calcetines! Y yo te responda: ¡hace frío! y ambos empecemos a reírnos ante lo absurdo de nuestra conversación.
Echo de menos las tardes eternas arrebujados bajo una manta mientras vemos una película o una serie. Y la llegada del viernes...nuestro continuo: tenemos que salir pero...hace frío, y vuelta a empezar. Manta, película, palomitas. Risas, conversaciones, enfados, bromas...cosquillas... Y yo arrimándome a tu pecho en busca de calor y terminar abrazados sin que la película o la serie importen.
Salir a la calle y quejarme del frío que tengo, y que tú me cedas espacio en el bolsillo de tu abrigo para que meta la mano y así podamos pasear cogidos de la mano. O tú diciéndome que cómo no voy a tener frío si salgo con el pelo mojado, y yo diciéndote que odio el secador y que me gusta así... y tú poniendo esa cara de "no te entiendo" y yo riéndome en mi interior mientras me pongo mi gorro favorito. 
Tú diciéndome que te gusta cómo me quedan los gorros...yo diciendo que me encanta el invierno sólo porque puedo ponerme mis gorros y ver esa mirada tuya y esa sonrisa mientras me dices: ¡Qué guapa! Yo saliendo a la calle con mi gorro, mis guantes, mis botas...y decir: ¡Odio el invierno! Y tú reírte porque no entiendes cómo puedo cambiar tanto de opinión, mientras me abrazas y me haces tropezar y casi caer al suelo. 
Ir en el coche al Xanadú y mirar el cielo grisáceo, y decirte: ¡qué bonito! Y tú mirarme como si fuera una demente... Relajarme en el asiento mientras suena alguno de esos grupos que tanto te gustan, la lluvia golpea los cristales y yo hablo como una cotorra de cualquier tontería que pueda ver o recordar, mientras tú, con paciencia infinita, escuchas, sonríes e intervienes en el momento justo mientras sujetas mi mano o pones la tuya sobre mi pierna, para que sepa que estás ahí... Y yo sonrío como una tonta y sujeto tu mano con fuerza, para que sepas que he recibido ese mensaje silencioso y que aprecio el gesto.
En fin...mis musas me han hecho ver que tú y el invierno vais unidos, inseparables y necesarios...Y por eso mis musas no quieren más que escribir sobre ti...porque te echan de menos como yo y notan que el invierno está incompleto sin ti.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Indignación de una futura opositora.

A la espera del temido veredicto de las diferentes comunidades y del gobierno acerca de las ansiadas oposiciones de secundaria para el 2012, tengo mucho tiempo para reflexionar, preocuparme, prepararme un temario que no sé si será aprobado, volverme religiosa... y buscar en internet noticias sobre este caso en concreto. De hecho, me he vuelto adicta a algunos foros de profesores en los que he encontrado opiniones, consejos, datos y...gilipolleces, vamos a decirlo con todas las letras. Este post, de hecho, va a tratar sobre una de esas gilipolleces que he tenido la desgracia de leer esta tarde mientras indagaba acerca de los nuevos temarios (que han salido con epígrafes...todo sea por marear la perdiz) e intentaba sacar en claro qué cojones pasa en este panorama.
El post en concreto lo he encontrado en el foro del CSI-F cuyo enlace os pongo para que podáis cercioraros de que no me estoy inventando nada y que esta opinión es tan real como absurda e improcedente. El título que la usuaria ha puesto a su post me ha llamado la atención y es por eso por lo que me he metido a leer: "Los fijos (y yo incluida) no queremos que se convoque oposición".
El título ya empieza mal...es como decir: "los que tienen comida (y yo incluida) no queremos que se repartan alimentos entre los pobres". Y la cosa no mejora cuando leer el contenido...basura, eso es lo que es este post, basura gratuita que pretende ser excusable por la situación económica del país cuando, en realidad, se escuda en un sentimiento egoísta y egocéntrico. Para que podáis opinar con mayor libertad, el texto íntegro del post es el siguiente:

"NO ME QUIERO CHUPAR UN LARGO VERANO SENTADA EN UN SILLA PARA EXAMINAR A 1000 PERSONAS PARA TRES PLAZAS DE NADA... ADEMÁS POR SUPUESTO SEGURO QUE COMO ESTÁMOS QUE NO NOS PAGAN NI LAS ITINERANCIAS, NI NADA DE NADA, MUCHOS MENOS NOS PAGARÁN ESE MES  Y SUS CORRESPONDIENTE DIETAS.
ASI  PUES LA MAYORÍA DE LOS FIJOS NO QUEREMOS QUE HAYA OPOSICIÓN.
GRACIAS!!"
Lo primero que haré será agradecer a esta persona su generosidad y su empatía con el resto de compañeros. Muchas gracias por decidir que no te merece estar un verano haciendo algo que,curiosidades de la vida, forma parte de tu trabajo y muchas gracias por juzgar que tres plazas no sirven de nada...a ti, por supuesto.
He seguido leyendo el hilo de este foro porque me ha parecido surrealista y me he encontrado con gente que prefiere que no se celebren oposiciones..."si no hay dinero para mantener a los profesores actuales, que no se convoquen oposiciones". Bien, una reflexión lógica que apoyaría sino fuera porque eso no es así ni es justo. Señores, tengamos en cuenta que un amplio porcentaje del profesorado ha obtenido una plaza gracias a un sistema de oposición injusto que premiaba la experiencia sobre los conocimientos reales de la materia o la capacidad de enseñar; así que ahora no me vengáis con el cuento de que ese trabajo es vuestro y nadie más tiene derecho a optar a él...parece que algunos se olvidan de que es un trabajo público, que no debería significar un trabajo para toda la vida en el que me puedo rascar los huevos a dos manos sólo porque he aprobado un examen y ya no hay quien me eche...como bien dice un usuario de ese mismo foro, esa situación es una "perversión del sistema" que ha permitido crear un sector de trabajadores seguros de la estabilidad y continuidad de su trabajo y que, por tanto, suelen olvidar cuáles son sus funciones, deberes y obligaciones. No, no digo que todo el profesorado (o todos los funcionarios) sean igual...si así fuera, apaga y vámonos. Está claro que hay de todo en este mundo y yo conozco grandes profesores que no dudan en echar una mano a aquellos que, como yo, intentamos integrarnos en el sistema.
El verdadero problema son aquellos "docentes" de iure pero no de facto que muestran  un egoísmo absoluto arropado por la seguridad de un empleo fijo que, hagan lo que hagan, no se va a esfumar. Me parece absurdo que haya gente que se oponga a las oposiciones alegando que hay muchos profesores...sí, hay muchos profesores, pero...en serio, ¿cuántos de esos profesores no deberían haber obtenido una plaza? Pensémoslo y reflexionemos antes de empezar a lanzar cuchillos contra aquellos que, como yo, intentamos acceder a un trabajo que nos gusta y para el que nos hemos formado. Porque, señores, yo he estudiado cinco años de carrera y para acceder a estas oposiciones he tenido que estudiar un maldito máster que me ha costado sudor y sangre, solamente para poder cumplir mi sueño de ser profesora. 
Así que a esos profesores tan acomodados en sus plazas y tan preocupados por lo que la sangre nueva pueda traer consigo (el apocalipsis educativo, según he leído por la web), incapaces de entender la necesidad de incorporar profesores nuevos y formados con los que cooperar por el bien de la educación pública, a esos profesores que dicen no a las oposiciones porque les joroban un mes de vacaciones o porque no les interesa que se agreguen nuevos miembros porque eso significará que el pago se retrasará o a saber...a todos esos yo les digo: no os merecéis esa plaza que habéis obtenido. No os la meceréis porque estáis demostrando que vosotros no sois docentes, sois unos individuos que habéis aprovechado el momento para conseguir un trabajo y que ahora se niegan a mirar a su alrededor por miedo a lo que pueden descubrir. 
Sinceramente, siento lástima por vosotros, pero más lástima me dan vuestros alumnos, a los que estaréis inculcando esos mismos pensamientos y comportamientos egoístas cuando deberíais estar formándoles de manera ética.



Y ya van a ser tres semanas

Hoy voy a alejarme un poco de la línea que he seguido durante estas últimas semanas...voy a abandonar un ratito mis relatos y voy a ponerme en plan confeso con vosotros, amigos míos. ¿Por qué?, gritaréis algunos con resignación, pues porque mañana hace tres semanas que me fui de España para trabajar como aupair en Inglaterra.
La experiencia me está pareciendo enriquecedora. No sólo estoy conociendo una nueva cultura desde dentro, sino que estoy conociendo personas maravillosas sin que la barrera del idioma sea una tara para entablar una relación. Además, estoy creciendo como persona al tener bajo mi cuidado a dos niños que, aunque no son míos, los trato como si lo fueran...desde luego, me estoy convirtiendo en una auténtica madraza xD
Esta entrada será breve, porque tampoco es cuestión de aburriros con mis locuras, pero quiero que sepáis que la decisión de venir como aupair fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Me ha permitido distanciarme en cierto modo de una vida que me estaba ahogando y darme cuenta de que hay cosas que no quiero perder nunca.  Así que voy a aconsejar a todos los lectores de este blog que, si alguna vez tienen la oportunidad, no lo duden nunca y se embarquen en una aventura semejante a la mía...ya sea como aupair o con una beca erasmus o para trabajar por su cuenta. Hacedlo y no os arrepentiréis nunca, porque estaréis ganando madurez, estaréis aprendiendo a convivir con otras culturas diferentes, conseguiréis adaptar nuevas costumbres a las ya conocidas, probaréis nuevas comidas.... Hay que hacerlo, alejarse de esa vida que en ocasiones amenaza con ahogarnos en el lodo, para tomar perspectiva y poder regresar a esa vida totalmente purificada, con las ideas más claras y una filosofía de vida más estable.
Un saludo a todos desde estas lejanas tierras y espero que el post no os haya aburrido demasiado :P

martes, 8 de noviembre de 2011

El peor momento

 Continuo con el relato que empecé en Halloween. Espero que os guste y que disfrutéis.
Un saludo!



  © Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)


Me avisaron de que esto podía ocurrir. Claro que me avisaron y, por supuesto, yo les ignoré. La arrogancia me ha sumido en la ceguera durante siglos y ahora deberé pagar las consecuencias…aunque, para ser más exactos, sois vosotros los que pagaréis las consecuencias.
El hambre se ha disparado. Desde hace un par de noches soy incapaz de pensar en otra cosa que no sea la sangre. Mis sueños aparecen teñidos de rojo, el aire está impregnado de ese olor salado y metálico inconfundible que me hace enloquecer, mis oídos sólo pueden escuchar los latidos de vuestros corazones bombeando la sangre caliente y sabrosa que os proporciona las fuerzas para vivir… No puedo sacarlo de mi mente y creo que estoy enloqueciendo.  Janhem dice que estoy loco si creo que el hambre va a poder ser satisfecha a través de este diario, pero lo que él no sabe es que este diario es algo más que eso…Es una vía de escape, el refugio donde pienso depositar mi alma para que obtenga la paz que precisa. La sangre aquí no tiene poder.
Las semanas posteriores a la noche del banquete suelen ser más duras de lo normal…podríamos asemejarlo a poner a un alcohólico rehabilitado en una habitación llena de bebidas, permitirle beber hasta reventar, sentirse feliz y a salvo, para luego encerrarle en una pequeña habitación sin nada más que agua, con una pequeña ventana desde la que puede ver a otros bebiendo y disfrutando de esa maravillosa embriaguez. Es una sensación angustiosa que te consume. Hay momentos en los que el propio cuerpo parece quejarse de esa carestía y comienza a doler…Sí, somos adictos, o al menos eso podría parecer si nos vierais ahora…
En fin, dejemos de hablar del hambre…este diario es justamente para olvidarme de ella y si sigo hablando no sé si podré reprimir el dolor que me nublará la mente y me impedirá poner por escrito estas memorias.

Nosotros, los demonios, somos tan antiguos como el mundo mismo. Nosotros ayudamos a crear este mundo en el que ahora os revolcáis tras haberlo transformado en una maldita pocilga que sólo sirve para satisfacer vuestros egoístas deseos.
Cuando el Creador nos transformó todo cambió. Nos vimos empujados a un mundo que no era el nuestro, en el que no encajábamos y en el que estábamos obligados a vivir durante la eternidad. Al principio, lo tomamos con resignación, aunque hubo algunos que se tomaron al pie de la letra su nueva naturaleza y comenzaron a disfrutar de la libertad que les otorgaba el no tener que obedecer reglas o normas…Los humanos se convirtieron en su juguete favorito. Eráis tan fáciles de tentar, de engañar…os empujaban a cometer las acciones más viles usando sólo la palabra y vosotros, a menudo, disfrutabais de ello.
Sin embargo, no todos actuamos así. Algunos vivimos recluidos durante siglos en comunidades apartadas de la humanidad, sólo hacíamos daño a los humanos si eso nos ayudaba a proteger nuestro secreto… bueno, o eso decíamos. Lo cierto es que no hacíamos daño a los humanos porque aún teníamos la esperanza de poder regresar a nuestro mundo, quizás el Creador nos perdonase y nos devolviese al lugar al que pertenecíamos si nos comportábamos bien… tonterías, fantasías que se acumulaban y se hacían añicos creando una desolación que nadie podría comprender.
Así pues, vivíamos apartados, aunque no desconectados. Nos gustaba mantenernos informados de vuestra evolución…Y así seguimos vuestro itinerario manchado de sangre de inocentes, de vuestros hermanos…Guerras, asesinatos, traiciones, revoluciones… Vuestra raza se bañaba en sangre y disfrutaba con ello. Eráis dignos hijos de vuestro padre, desde luego. Nosotros nos veíamos obligados a mirar todo aquello y mantenernos en silencio.
Recuerdo que durante esa época muchos se dejaron morir para evitar presenciar vuestra evolución, para acabar con el sufrimiento y con la sed eterna…Muchos murieron, otros durmieron y aún siguen durmiendo... Otros luchamos. Decidimos que permanecer en la oscuridad no nos hacía ningún bien.
Salimos de nuevo. Era un siglo extraño, lleno de cambios que conllevaban la violencia que parecía os era innata. El siglo XVIII. Nos separamos en pequeñas comunidades para pasar desapercibidos y nos dedicamos a estudiaros, mientras hacíamos negocio a vuestra costa.  Cada Halloween nos alimentábamos…en ocasiones sin control, dejando un rastro de muertes a nuestras espaldas que elevaron un nuevo mito que había permanecido dormido durante tiempo…vampiros. Un nuevo nombre. Algunos se sintieron ofendidos ante ese nombre tan extravagante, yo, sinceramente, me sentí sumamente divertido ante la capacidad de equivocarse del ser humano. No eráis capaces de entender ni lo que teníais ante vuestras narices. Incluso nuestras víctimas dudaban de lo que pasaba…morían con esa incógnita dibujada en sus rostros horrorizados. ¿Quiénes sois? Parecían decir y yo, entre risas, solía contestar: un vampiro, merecía la pena ver cómo los ojos se agrandaban y la boca se torcía en un grito mudo de pavor mientras yo desgarraba la piel del desgraciado elegido para convertirse en mi cena.
Han pasado siglos desde entonces. Ya no me hace tanta gracia el asunto del vampiro, ni me dedico a atemorizar a mis víctimas…solamente me alimento por necesidad, por gula… Realmente ya me da lo mismo. Y no soy el único que siente lo mismo. Hemos empezado a hipnotizar a nuestras víctimas para evitarlas el último momento, ese instante en el que descubren que van a morir y no pueden hacer nada…Por eso ahora las elegimos y las comenzamos a contactar meses antes…La única excepción ha sido esa muchacha…¡qué desafortunada! Estaba en el sitio menos idóneo, en el momento menos adecuado, la verdad. Pude oler su miedo, la esperanza de poder escapar de allí con vida y luego el pavor al entender que iba a morir… Quizás ese sea el motivo por el que me encuentro tan excitado y soy incapaz de soportar el hambre…
Maldita sea.

martes, 1 de noviembre de 2011

Sangre y gloria.

Bueno, lo que empezó siendo un breve relato se ha convertido en un relato con sus tres partes... Al principio no pensaba hablar mucho sobre el trasfondo, aunque una idea alocada se ha ido abriendo paso durante mis paseos por el bosque (ah! bosques...benditos pozos de inspiración) y aquí está el resultado. 
Espero que os guste y, sobretodo, que no os defraude a aquellos que os habéis leído los relatos de Halloween y que pedisteis más información sobre esos seres misteriosos (Pat, querida, espero que te guste :P) 



  © Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)

Me gustaría decir que lo sabía y que eso lo hace todo más fácil, pero no. Lo sabía, ciertamente, pero eso no lo ha hecho más fácil…como siempre ha sido y siempre será. Vosotros, mortales acomodados, no conocéis el verdadero dolor de la perdida ni del hambre, la sed continua, la nostalgia, el deseo insatisfecho, la pasión desbocada…todo eso y mucho más es lo que late en nuestros cuerpos malditos. Nosotros que una vez fuimos dioses.
La noche de la sangre, del banquete desbocado, de los apetitos calmados…Halloween ha finalizado. Ya no queda rastro de ese día de desbocada libertad. Amanece y veo jóvenes disfrazados volver a sus casas ebrios de alcohol y felicidad…y siento deseos de degollarles y bañarme en su sangre…tan cálida…Agacho la cabeza para evitar contactar con sus ojos. No quiero que vean la necesidad y acudan a mí como abejas a la miel. Estúpidos humanos. El sentir esto sólo significa una cosa: la maldición ha regresado.
El amanecer es frío, tan frío como mi cuerpo y mi alma. Me gusta el amanecer. Es muy parecido a mí…me recuerda qué es lo que soy. El sol brillando tenuemente en el horizonte, oculto tras las nubes esponjosas que cubren estos cielos continuamente, es semejante a la llama que arde en mi pecho esperando poder desatarse e incendiar todo lo que pueda haber a su alrededor.  El amanecer suele ser mi aliado, aunque hoy se me antoja un enemigo cruel que se burla de mi desgracia desde aquel alto trono etéreo.
Estoy cansado. Cansado de esta maldición. Cansado de los humanos que me observan intentando entender mi mirada. Cansado de este mundo que empieza a resultarme asqueroso. Cansado de una vida que no llega a ser más que la sombra de una vida. Por eso hoy, sentado en este banco, he querido escribir estas líneas que sirvan para recordarme qué soy y por qué lucho.

Éramos poderosos. La primera raza que habitó la tierra y la modificó para convertirla en habitable. Nosotros amábamos nuestra creación como sólo un padre podría amar a un hijo caprichoso y consentido. Al principio éramos siete. Siete iguales. Nacidos de la nada o, quizás, olvidamos nuestro nacimiento, no lo sé. Llegados a este planeta por error o quizás no. Pocos recuerdos guardamos de aquella época dichosa. Luego llegaron más. Nadie sabe exactamente de dónde o por qué llegamos a ese lugar, pero seguíamos llegando y la tierra comenzó a poblarse poco a poco.
La tierra era entonces un orbe marchito cubierto de lava y hielo a partes iguales. Desolación. Eso era lo único que había entonces. Nosotros llegamos y usando esos dones que alguien nos había otorgado, ocultamos la lava en el centro mismo del planeta y el hielo lo derretimos hasta formar los mares que ahora cubren la tierra. El agua fertilizó la tierra y pronto pudimos ver crecer plantas y árboles que nos sorprendieron por su belleza… Todo era hermoso entonces.
Uno de nosotros creó a los primeros seres humanos. Seres toscos, más cercanos al animal que al humano actual, que preferían la lucha y la sangre a la paz y la belleza del mundo. Se pasaban el día guerreando entre ellos, pero su creador les defendía como ahora os defiende a vosotros. Algunos se pusieron de su lado, otros nos mantuvimos a la espera del fracaso de ese experimento inútil…otros lucharon y cayeron en el olvido eterno. Una recompensa que nosotros ahora ansiamos.
El Creador, pues así le apodamos y así se presentó a la humanidad, siguió experimentando con esos seres que parecían evolucionar, se multiplicaban a una velocidad arriesgada y derramaban más sangre de la necesaria. Pero, aun así, él no se rendía y seguía experimentando. Consiguió que la evolución funcionase a la perfección y  nos convirtió en dioses de aquellos seres imperfectos. Algunos acogieron el regalo con alegría y agradecimiento…otros desconfiamos y nos mantuvimos a la espera, aunque acogimos nuestras nuevas obligaciones y derechos con igual satisfacción que los demás. Nos tentó. Y nosotros caímos.
Ser dios es embriagador. Sumamente embriagador, en cierto modo. El poder…ah…el poder….tan hermoso… Algunos lo usaban con sabiduría, otros nos dejamos llevar a una embriaguez absoluta que fue nuestra condena. El Creador esperó nuestro tropiezo. Sabía que desconfiábamos, sabía que odiábamos a esos juguetes de carne que había modelado a escondidas y sabía que llegaría el momento en que nos apartaría de su camino.
Resulta sumamente irónico que ese ser al que apodáis Dios y que consideráis un ser justo y bondadoso, no fuese para nada tal cosa. Era el peor de los nuestros. Consentido. Egoísta. Vengativo. Todo lo demostró con el tiempo y nosotros somos el mejor testimonio de ello.
El día de la caída no nos cogió por sorpresa. Él se había hecho demasiado poderoso. Había iniciado una religión para sí mismo, en la que sólo él era el Dios. Algunos de los nuestros acudieron a su lado y se convirtieron en sus mensajeros…ahora los llamáis ángeles. Perros falderos, eso es lo que eran. Los demás… bueno, los demás sobrábamos. Incitó a sus adoradores a perseguirnos y perseguir a nuestros adoradores. Hubo muertes. Carnicerías que volvieron a llenar la tierra de sangre. El ser humano se enfrentaba de nuevo con el ser humano, aunque esta vez éramos nosotros los que movíamos los hilos de aquella batalla en la que sólo un bando quedaría en pie y ya sospechábamos que no seríamos nosotros.
Aquella sospecha creció y nos debilitó. Muchos de los nuestros se unieron al bando ganador. Nos abandonaron y caímos. Dicen que nos expulsó de los cielos… Absurdo. No vivíamos en los cielos. Nos expulsó del Panteón y, usando el poder de sus siervos, nos encadenó a una maldición eterna.
“ Sufriréis hambre y sed. La penuria será vuestra compañera y la nostalgia vuestra amante. Nunca viviréis de nuevo, pero seréis obligados a fingirlo. La sangre que derramasteis será vuestro único alimento y la noche de esta batalla será vuestro único banquete.”
Y nos llamó Demonios. Nos convertimos en una raza ávida de sangre. Nos convertimos en aquello que él había sido. Caímos en una noche absoluta y su maldición quedó cumplida. Ahora, vosotros, humanos, sabéis quiénes somos y porqué os odiamos.

domingo, 30 de octubre de 2011

Para Bea, que siempre quiere más y para aquellos lectores que tan amablemente se han pasado por aquí y se han quedado con ganas de más. Feliz víspera de Halloween.
© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)

La noche es deliciosa. La humedad sabe a gloria y la oscuridad trae consigo el despertar de un mundo que es totalmente diferente…más real, más tétrico, más macabro. Cuando la oscuridad comienza a cernirse sobre la vida de los humanos, nosotros salimos a la calle y comenzamos nuestro deambular obligado en busca de aquellos que servirán para alimentarnos.
Una vez al año, sólo una vez y durante un tiempo determinado, nos está permitido vagar con libertad por unas tierras que antes eran nuestras y que ahora pertenecen a una raza destructiva bajo las órdenes de un Dios restrictivo y cruel. Nosotros fuimos dioses y reyes. Poseímos todo lo que podéis ver ante vuestros ojos hasta que perdimos la guerra y con ella perdimos nuestro futuro. Castigados a vagar eternamente como fantasmas del pasado, ocultos a la visión de la raza imperfecta que nos sustituyó y que ahora sólo sirve para alimentarnos.
Hoy es esa noche y nadie estará a salvo de nuestra eterna hambruna. Por una noche, nosotros somos los lobos y vosotros, insignificantes humanos, sois nuestras víctimas.

Las figuras se arremolinan excitadas ante el círculo improvisado en el que se encuentran las víctimas. Jóvenes mujeres y hombres que observan con el rostro sumido en la penumbra, sin ver lo que pasa, sin saber lo que les espera…muertos en vida. El viento se desliza susurrante entre las ramas de los árboles, dejando caer gotas de agua que humedecen el rostro de los condenados  y toman la apariencia de lágrimas artificiales, como si el mismo Dios que les ha abandonado en esa noche quisiera demostrar su tristeza ante tan terrible destino.
Alguien se ríe al advertir tan irónica circunstancia y otros muchos acompañan su triste risa, mientras sus ojos llameantes rompen la oscuridad de la noche. Un búho ulula a lo lejos, un cuervo se posa furtivamente en una de las tumbas cercanas y lanza un lúgubre lamento que es acompañado, al instante, por un coro macabro procedente del bosque cercano.  Como si aquél canto fuese una señal, las figuras dejan caer las ropas que los envuelven y dejan que sus cuerpos desnudos se confundan en las tinieblas. La niebla, antes débil, comienza a espesarse y parece reptar por los cuerpos de aquellos seres; los condenados adquieren una palidez mortal mientras se ahogan en la niebla que comienza a envolver el paraje. Y ya sólo queda el silencio.
Una sombra rompe la atmósfera. Alguien, acurrucado tras una de las tumbas, observa aterrado la escena. Una joven. No tendrá más de veinte años. Entre sus manos lleva un cirio destinado a una de las tumbas que se encuentran en ese cementerio…una ofrenda silenciosa y secreta a un hombre  que amó, como otras muchas. Ahora, entre las sombras, observa los cuerpos desnudos, los rostros sin vida de los jóvenes apilados, la niebla susurrante… Se lleva una mano a la boca para evitar gritar de terror. Aquello no puede estar pasando. Su mente la urge a correr…alejarse de aquel lugar terrorífico y de aquellos locos manchados de sangre, pero otra parte de sí misma la obliga a permanecer allí. Mirando la escena e imaginando qué está pasando entre la niebla.
En algún momento el cirio cae de entre sus manos y el sonido de la cera al golpear la lápida resulta estridente. Se sobresalta y observa aterrada, esperando que alguno de esos seres aparezca de repente entre la niebla…pero no pasa nada. Suspira y, con el corazón latiendo aceleradamente, se dispone a huir de aquel lugar maldito. Se da la vuelta, notando todos sus músculos en tensión, sus pulmones luchando por respirar con tranquilidad y las piernas demasiado temblorosas como para correr. No puede moverse. Está aterrada y sus piernas se niegan a obedecer, así que se tumba sobre su estómago y repta por entre la hierba. Pasa entre las tumbas y los cirios proyectan sombras inquietantes a su alrededor.
La niebla hace difícil encontrar la salida y parece que siempre pase por delante de la misma tumba…hasta que ve la verja que indica el final de su tortura. El regreso a un mundo que conoce, un mundo en el que podrá encontrar cobijo. Sus piernas responden por fin y ella se levanta dispuesta a emprender una carrera desesperada hacia la libertad y la salvación. Sin embargo, algo la detiene. Una mano, porque ella sabe que es una mano, se ha posado sobre su hombro derecho. Su corazón se detiene mientras ella gira la cabeza para encontrarse con una mano pálida primero y un rostro hermoso después. Un joven de ojos atigrados la observa con una media sonrisa, tan incitante como inquietante.
-          Te estaba esperando, querida. – dice él y su voz es una melodía que la incita a abandonarse entre sus brazos, perderse en aquel cuerpo atlético y en aquellos ojos anaranjados que la observan en la oscuridad. – Ven conmigo, Lisa, ven y conocerás lo que sólo unos pocos tienen la fortuna de conocer.
Y ella nota su cuerpo abandonarse. Su mente grita desesperada, ruega a sus piernas que se muevan, suplica piedad…pero su cuerpo no hace caso. Nota una sonrisa extenderse por su rostro y la mano de aquel desconocido se cierra en torno a su muñeca derecha. La niebla está devorándola como a los otros y ella sólo puede lanzar un grito silencioso que no consigue salir al exterior y queda ahogado en su mente. El joven sonríe y la mira. Lisa quiere llorar pero tampoco puede, sólo es capaz de sentir su cuerpo alejándose de la salida e internándose en el cementerio, acercándose al círculo en el que los otros desaparecieron y en el que ella misma desaparecerá.

Si me preguntasen qué es lo que sentimos tras el sacrificio, podría decirte que algo semejante al calor, pero quizás estaría mintiendo. Es un frío que te quema por dentro, te hace sentir vivo y muerto al mismo tiempo…duele, pero es agradable. Todo nuestro cuerpo vive para ese instante breve pero eterno, pues seguirá en nuestra memoria durante un año, como una tortura perenne que nos obliga a recordar algo que no podremos probar.

Sí, les matamos a todos. No, no sentimos lástima de sus súplicas silenciosas. Los odiamos porque ellos son la causa de nuestra caída, ellos nos expulsaron de nuestro mundo y ayudaron a condenarnos. Su sangre resbalando por nuestros cuerpos desnudos es la experiencia más deliciosa que hayamos probado nunca.  No somos monstruos…nosotros actuamos según nuestra naturaleza, no ocultamos nuestra maldad. Los verdaderos monstruos son los humanos que ocultan esa maldad heredada de sus padres y fingen ser algo que en realidad no son.
Nuestros hijos. Hijos de la sangre, de la ira, del odio…eso es lo que son los humanos y en este día vuelven a ocupar el lugar que les corresponde. Sangre y barro.

Noche de sacrificio

                                                                                        
 De su propio espanto murieron,
sin saber quién era aquel sobre cuya frente 
la hambruna había escrito Enemigo.
Lord Byron.

Las sombras de la noche habían cubierto el cielo y la tierra se encontraba sumida en la silenciosa calma que precede a las horas del sueño. La luna, oculta tras unos jirones grisáceos, solamente conseguía dar un aspecto aún más tétrico a aquella oscuridad manchada por las nubes tenuemente iluminadas que adquirían el aspecto de fantasmales telas rasgadas por la ira de algún ser invisible.  La temperatura nocturna no ayudaba a crear una atmósfera menos amenazante; la humedad parecía haber tomado vida y reptaba por el ambiente haciendo que una ligera neblina se levantara sobre el suelo verdoso y, al recibir el reflejo de la luz de las farolas, adquiría un extraño tono grisáceo que brillaba amenazante e inquietantemente seductor…invitándote a acercarte y perderte en aquella niebla que, aunque inofensiva al principio, pronto se volvería densa y te atraparía entre sus garras.
La calle estaba desierta y silenciosa. Sólo se oía el ladrido de algún perro lejano o el sonido de un televisor encendido en alguna de las salitas de estar que daban a la calle.  De todas formas, él, la figura que observaba la escena entre las sombras nocturnas mientras caminaba con paso seguro y silencioso, no se preocupaba de aquello. Sabía que esa noche nadie saldría a la calle. Nadie advertiría que alguien andaba deambulando por el tranquilo barrio residencial, ni que algo se estaba moviendo en las sombras.
La verja de hierro estaba oxidada y cubierta de musgo. Observó con una sonrisa torcida la iglesia que se levantaba ante sus ojos. Siempre le había parecido irónico que se reunieran en un lugar como aquél, levantado en honor del dios que les desterró y les obligó a vivir en un mundo cubierto de barro donde unos seres  que se creían civilizados luchaban por levantarse y dominar a los demás habitantes…  Estúpidos mortales, pensó y el viento hizo susurrar a los árboles cercanos como respuesta. Sin dejarse amilanar por el aspecto imponente de la vieja iglesia que ya sólo se usaba para oficiar la misa del domingo y algunas bodas para gente importante,  levantó el oxidado cerrojo que mantenía la puerta anclada en su sitio y entró en el camposanto acompañado del chirriante sonido de la verja al cerrarse.
El cementerio estaba iluminado con velas. Velas depositadas durante la tarde por las familias de los que allí reposaban, algunos lo hacían mediante una intrincada ceremonia que implicaba montones de lágrimas y falsas palabras; otros acudían allí en el silencio del atardecer a depositar una ofrenda que estaba cubierta de secretos y vergüenza. Le encantaba observar a aquellas personas desconocidas que acudían arropadas por la noche a las tumbas de un amante y fiel esposo que había sido más lo primero que lo segundo, porque ahí se demostraba el auténtico carácter de la raza humana. Sacudió la cabeza para sacar de su mente aquellos pensamientos que sólo servían para nublar su juicio y que hacían hervir su sangre, y continuó atravesando el cementerio zigzagueando entre las cruces de piedra cubiertas de musgo y hiedra.
Al fondo, donde las tumbas eran reemplazadas por árboles y la luz de las velas no lograba hacer nada contra la oscuridad, le esperaban. Esa noche era su noche. La única noche del año en el que eran libres de pasear por el mundo como lo que eran: dioses. Rostros hermosos le observaron en la oscuridad. Rostros hermosos cubiertos ya de la sangre de sus primeras víctimas. Porque aquella noche era la noche del sacrificio y ellos habían estado esperando durante un año entero entre las sombras, acechando a sus víctimas, conduciéndolas hacia aquel destino escrito por ellos… Y la noche siguiente se alzarían. Pasearían entre los estúpidos animales que eran aquellos humanos, todos disfrazados en honor a una fiesta que había perdido su significado, y se alimentarían de ellos como quien acude a un buffet libre. Sueños, miedos, ambiciones, felicidad…alimentos ansiados durante todo el año y que sólo podían obtener en la noche del 31 de Octubre, después de haberse bañado con la sangre de sus víctimas y haber dejado que el espíritu de los antiguos dioses penetrara en ellos de la manera en que solía hacerlo.

lunes, 17 de octubre de 2011

La mudanza

Bueno, amigos míos, parece que el descanso ha propiciado el regreso de mis musas, aunque parecen un poco reacias a retomar los proyectos ya empezados y bastante más inclinadas a la experimentación...son como niñas, oye. Así que, siguiendo sus deseos y antojos, aquí os dejo este pequeño relato que espero os guste, pero antes de nada quiero dedicarles este relato tan especial a unas personas muy especiales que se han colado en mi vida gracias a internet y que se han convertido en auténticas amigas y maestras.
Gracias, mis princesas: Bea, Jules, María, Raquel (que, por cierto, tienen unos blogs maravillosos que encontraréis en el apartado de "Un paseo por la blogosfera"). Sois una verdadera fuente de inspiración y os deseo lo mejor, amigas mías.


 
© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)

Las cajas se apilan contra la pared de color crema, tambaleantes y pesadas amenazan con desplomarse y sepultarla bajo aquel peso muerto que constituye una vida entera. Mira de nuevo aquellos tristes trozos de cartón y no puede evitar sentirse derrotada por lo que aquello significa: cambios. Siempre ha odiado los cambios porque tienden a significar que la vida se convierte en una cuerda floja tendida sobre un oscuro abismo cuyo final no puedes apreciar claramente y tú te ves obligado a caminar a ciegas, esperando que aquella cuerda fina y desgastada aguante tu peso y no te haga precipitarte hacia lo desconocido.
Mudarse es algo íntimo, personal y doloroso que te deja todas las terminaciones nerviosas afectadas e inservibles durante un tiempo que siempre resultará demasiado largo. Ella tiene que enfrentarse con una mudanza exprés que no le permite tomarse el tiempo necesario para despedirse de cada rincón de la casa en la que ha pasado la mayor parte de su vida...tantos recuerdos que van a quedarse atrás, olvidados entre las sombras de unas persianas bajadas y los montones de polvo que pronto volverán a acumularse como si quisieran demostrar que aquel lugar ha pasado a pertenecerles. Conquistadores oportunistas de desgracias, eso es lo que son. Sonríe con nostalgia al descubrir una carta olvidada del que fue su primer amor y que ella creía perdida...son cosas que sólo se encuentran en una mudanza, como si el cosmos intentase hacer más sencillo ese trámite vital a través de recordatorios de una vida feliz y plena que va a seguir avanzando aunque cambies tu lugar de residencia. El cosmos y su extraño sentido del humor.
Ya queda poco de lo que era su habitación. La cama y el escritorio son los únicos supervivientes de ese exilio masivo que ha llegado tan repentinamente como el frío que comienza a colarse por la ventana abierta. Escucha el trinar de los pájaros y el silencio del atardecer en esa pequeña urbanización, y sabe que echará de menos la quietud y la paz que parecen envolver la zona durante el otoño y el invierno...un total abandono de la fugacidad de la vida cotidiana, un remanso de paz en la locura del vivir, un oasis de tranquilidad sólo roto por la visita de los adolescentes vecinos y sus risas hasta la caída de la noche...Incluso echará de menos a esos jóvenes deslenguados y escandalosos que se reúnen cada fin de semana en la esquina de enfrente, sin importarles si sus voces o su música molestan a los vecinos.
Da la vuelta y suspira antes de cerrar la puerta de la habitación que ya no será más suya. Una habitación que la ha visto crecer, ha sido testigo de sus lágrimas y de sus enfados, ha vivido rupturas y reencuentros...cómplice y testigo de una vida cargada de momentos amargos y dulces. Cierra la puerta y, al desaparecer la visión de las cajas apiladas, siente que su pecho se inflama en libertad y una nueva esperanza comienza a tomar forma con lentitud y desconfianza, temerosa de ser expulsada si se forma con demasiada rapidez. Sonríe y sabe que ese no es el fin de una vida, sino el inicio de una nueva vida.

domingo, 16 de octubre de 2011

El bar o la muerte de un corazón

     

















© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)


Me apetece decirte que ayer te volví a ver y mi corazón parece que quisiera salirse del pecho para acudir a tu encuentro, incluso mis piernas se movieron solas y mi boca esbozó una sonrisa idiota que pretendía ser un reflejo de la felicidad que sentía al ver de nuevo tu rostro.
Me apetece contarte que estuve observándote durante un tiempo desde aquel rincón oscuro del bar, con una cerveza en la mano y la intención de reunir la suficiente valentía como para acercarme y decirte algo ingenioso, hermoso o, simplemente, algo, aunque fuese tonto y careciese de sentido. Sin embargo, mi cuerpo parecía haberse quedado paralizado y no estaba por la labor de hacerme caso...las piernas me temblaron y el pulso se aceleró, incluso noté unas pequeñas palpitaciones y esa angustiosa sensación de estar enterrada viva que precede a un momento de nervios.
Me apetece que sepas que bebí la cerveza con rapidez, observando tus gestos y aquella sonrisa despreocupada mientras conversabas con tus amigos. Me sentí imbécil al encontrarme intentando leer en tus labios unas palabras dirigidas a mí, quizás el deseo de volverme a encontrar semejante al que me atenazaba en ese momento...Esperé, sentada en el sucio taburete que servía para evitar mi caída al suelo, que girases la cabeza y me vieses, pero no pasó. Hubo una ocasión en la que me pareció que me veías y sonreías...pero no era a mí. Esa chica que ahora ocupa mi puesto, un puesto que yo abandoné porque no supe apreciar, había aparecido de la nada y yo ni siquiera la había visto llegar.
Me apetece contarte que me arrepiento cada día de haberte dejado escapar, que pienso que fui una tonta al perseguir un sueño y dejarte a un lado. Quiero que sepas que no hay una sola noche en la que no sueñe que continúo a tu lado, me despierto y veo tu rostro tranquilo sonriendo entre las brumas de los sueños mientras tu brazo descansa protector sobre mi estómago... Quería decirte que echo de menos tus risas, tus bromas y tus enfados; esos ojos chispeantes que parecían desnudarme mientras hablaba y esa sonrisa pícara que me anunciaba un ataque en toda regla.
Me apetece que sepas que me fui del bar dejando tras de mí mi alma, y mi corazón creo que se quedó en ese mismo rincón oscuro desde el que te observaba, quizás ahogando sus penas en alcohol mientras se desangra lentamente sobre la sucia barra del bar, entre colillas, pipas y charcos de whisky barato.



sábado, 15 de octubre de 2011



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Buenos días, lectores y amigos.
La entrada de hoy no tiene mucho de especial, la verdad. Sólo quiero informaros de que, debido a cambios bruscos y no deseados en mi vida, estoy un poco ausente de la blogosfera.
Me toca mudarme y las mudanzas son cosas jodidas, la verdad...¿sabéis cuánta mierda inservible y sentimentalista acumulamos a lo largo de los años? Yo no tenía ni idea, pero ahora lo empiezo a tener un poco más claro: mucha. He encontrado juguetes de mi infancia, las notas del cole (por cierto, una profesora de la que guardo muy mal recuerdo me puso una notita diciendo que tenía problemas con la lengua española, que era incapaz de redactar y que aparentaba necesitar un especialista...estoy por visitarla y recomendarla encarecidamente este blog o alguno de mis artículos en periódicos...maldita), cuadernos llenos de ejercicios de ortografía o sumas, un monopatín, etc etc. Ayer me tire dos horas en el sótano (el cajón desastre de mi casa) intentando decidir qué se queda y qué se va con nosotros...creo que lo hice mal porque se vienen más cosas de las que se quedan
Uno de los descubrimientos que más ilusión me hizo fueron los antiguos periódicos del instituto, en los que yo llevaba la sección de literatura... ¡qué recuerdos! He encontrado mi artículo sobre Bécquer y sobre Tolkien, los he releído y me he dicho: "leches, escribía bien para tener 16 añitos", y se me ha subido la moral, por lo menos algo bueno tenía que tener la dichosa mudanza, ¿no?
Otra cosa extraña que me ha sucedido esta semana, aunque ya no tiene nada que ver con la mudanza, sino con el blog, es que un anónimo ha dejado en la entrada titulada "Desvaríos" un link a un blog llamado Enone. No sé si lo sabréis, imagino que sí, pero Enone es mi nombre de guerra desde los 19 añitos y esta coincidencia me ha dejado muerta. Más si pensamos que no tengo ni idea de quién es o cómo ha llegado a este blog. El blog de Enone me ha gustado, es curioso, aunque dejé un comentario y el autor/a misterioso contestó con un relato titulado Los Otros que me dejó nuevamente patidifusa... Ya veremos si consigo averiguar quién es el autor y cómo ha llegado hasta aquí (¿casualidad o no?)

Bueno, pues poco más os tengo que decir salvo que me perdonéis si no os dejo un artículo maravilloso o un cuento o un desvarío de los míos...esperad...vale, creo que este post entra dentro de desvaríos, ¿no? Vale...el caso es que voy a estar una temporada ausente, pero volveré a dar vida a este blog tan pronto como tenga tiempo.

domingo, 9 de octubre de 2011

Desvarío

Está oscuro. Realmente oscuro. No puedo ver nada a mí alrededor, solo unas sombras errantes que no consigo discernir con claridad y que me asustan más que tranquilizarme. No es la ausencia de luz lo que me preocupa. No. Hace años que vivo en una oscuridad continua y hemos llegado a un pacto extraño que me hace más fácil moverme entre las sombras; lo que realmente me preocupa es la densidad de esa oscuridad que parece amenazar con tragarme y no dejarme volver a salir.

Es una oscuridad extraña. Se me pega a la piel y me hace sentir una presión desconocida en el pecho…una sensación que no me gusta nada. Y, sin embargo, aquí sigo. De pie en la oscuridad, forzando la vista para encontrar algún indicio que me lleve de vuelta a la superficie…allí donde la oscuridad se hace menos sofocante, menos espesa…más soportable, incluso segura. Porque para mí la oscuridad siempre ha sido eso: seguridad. Una capa protectora que me cubre de esos malditos rayos de luz que se cuelan en el alma, te hacen sentir mil cosas maravillosas y luego, como si fueran bombas temporales, estallan dentro dejando tu alma y tu corazón derruidos, una zona cero de la que poco se salva y lo que se salva siempre estará manchado de negro. Odio esa sensación…la sentí en varias ocasiones antes de decidir que la oscuridad era el mejor lugar, donde esos rayos de luz no podían penetrar más que débilmente, nada amenazadores ni peligrosos. Podía mirarlos, ver su tenue resplandor y disfrutar del ligero calor que desprendían… un calor que no iba a aumentar hasta quemarme viva entre gritos silenciosos de dolor y socorro que nadie podría oír o nadie querría oír. Ahora echo de menos ese resplandor en la oscuridad. Un resplandor que me recordaba que aún seguía con vida, que aún había cosas por las que luchar…

No sé cómo me hundí tanto. Creí que lo controlaba, a lo mejor me equivocaba y yo nunca he controlado nada. Quizás pensé que mantenerme en la oscuridad había sido elección mía y no era así…quizás fue la elección de otros. ¡Quién sabe! También esa sensación de alivio y seguridad puede haber sido un espejismo…la verdad es que ya no recuerdo cómo era vivir en la superficie, allí donde los rayos de luz lamían mi cuerpo y calentaban mi corazón, allí donde todo era tan luminoso que dolía mirarlo… Me sumí en una oscuridad desconocida y dí gracias por tenerla.  Este debe ser, pues, mi castigo. ¿No querías oscuridad? ¡Toma oscuridad! Pero ahora ya no me siento a salvo…necesito volver arriba, salir de este pozo negro y sin fin, volver a ver los rayos de luz… Necesito volver al principio y sé que es imposible. Tan imposible como desear que ese precioso jarrón de porcelana que has tirado y roto en mil pedazos vuelva a recomponerse y a ser el mismo que era antes de su caída. Yo soy ese jarrón roto en mil pedazos, supongo, y va a ser complicado que vuelva a reunir todas las piezas que han ido quedando dispersas por ahí… sin embargo, lo intento. Recojo las piezas, por pequeñas que sean, y las coloco delante de mí, esperando ver un patrón que me permita reconstruir el jarrón. Me faltan algunas que sé no encontraré porque alguien las ha robado y tirado a la basura; otras las regalé desinteresadamente pensando que no me servirían de nada, otras se han perdido… Y así sigo buscando un patrón y ese patrón se esconde, yo no puedo verlo en esta maldita oscuridad que se me hace agobiante y me impide pensar con nitidez. Creo que, incluso, noto una humedad creciente…¿podrá ser que la oscuridad también llore?

Es impensable. Imposible. Un punto muerto. Ya me he cansado de intentar reconstruirme. El jarrón no volverá a ser un jarrón porque faltan demasiadas piezas pero, a lo mejor, si me pongo a ello puedo convertir ese jarrón en un bonito cuenco o en una jarra…Algo diferente creado de lo antiguo. Es una idea genial. Noto la esperanza crecer en mi pecho ante la idea de poder dar forma a un nuevo yo, un yo más acorde con mis nuevas sensaciones…quizás ese nuevo yo sí que sea capaz de emerger a la superficie. Abandonar esa oscuridad en la que mi antiguo “yo” se ha hundido arrastrado por mil piedras que le impiden volver. 

Sí, mi nuevo yo saldrá adelante; abandonará el foso en el que me he metido y emergirá a la luz radiante de los rayos. Dejará que el calor de esos rayos acaricie su piel con intensidad, disfrutará con el fuego y aprenderá de los incendios y devastaciones que causará… será capaz de apreciar que la oscuridad no es seguridad, sino la cobardía de quien no quiere enfrentarse al mundo de luz que tenemos delante. Mi nuevo yo será más fuerte, más sensato, más prudente…mi nuevo yo será una mezcla perfecta de oscuridad y luz.

lunes, 3 de octubre de 2011

La realidad que muchos no ven o prefieren no ver.

Estoy cansada, realmente cansada de escuchar acusaciones vacuas e irrazonables acerca de la protesta del profesorado (entre otras cosas, claro). Ya no porque ponen en duda la capacidad docente del profesorado español, sino porque niegan la buena voluntad y la vocación docente del 90% del profesorado en España y, lo que es más grave, ponen de manifiesto la ignorancia encubierta que la política española ha instaurado en este país a base de leyes absurdas, recortes innecesarios y bombas de humo lanzadas al azar.

Desde que tengo uso de razón he protestado y he exigido una educación de calidad; ultimamente me he subido al carro de la protesta del profesorado por los recortes que van a llevarse a cabo en el sector educativo y que, por mucho que lo intenten camuflar, van a acercarnos un poquito más a esos países del tercer mundo a los que negamos pertenecer. Y desde que me he sumado a la protesta he tenido que escuchar todo tipo de sandeces y sin sentidos que me han dejado patidifusa y bastante airada por la ignorancia y la tontería que existe en nuestro país. Entre otras cosas, lo más normal es que me acusen de ser una "roja" que sólo se queja porque es la señora Esperanza la que ha hablado de recortes, una acusación infundada que termina con la típica coletilla de: "pues esta ley de educación es socialista, que lo sepas." Pues nada, como diría mi madre, esto es como quien tiene tos y se rasca los huevos.

Por suerte o por desgracia (me inclino más bien por la segunda opción), pertenezco a la minoría de la sociedad española que sabe pensar por sí misma, sacando conclusiones de lo que ve y oye, escuchando con atención lo que se esconde detrás de las palabras...es decir, soy de las pocas afortunadas o desgraciadas que pone en uso el raciocinio ese que supuestamente nos separa de los animales. Así que entiendo que, en el panorama político actual (no sólo en España, ojo), no existe la más mínima diferencia entre unos partidos y otros, así que me da igual quien ha dicho esto o quien ha hecho lo otro, lo que realmente me importa es la consecuencia resultante de lo dicho y lo hecho… algo que parece haber perdido toda la importancia que debiera tener. De este modo, si un partido (ya sea azul, rojo, amarillo o color arcoíris) dice que piensa que pintar los edificios de Madrid de color azul cielo con preciosas nubecitas … Pues qué queréis que os diga, no pienso en quién lo ha propuesto, sino en la cantidad de aviones que se van a estrellar por culpa de tan dicharachera propuesta.

Lo mismo me pasa con la educación (el avión) y los famosos recortes (la nueva pintura) que pretenden lavar la cara a un sistema educativo defectuoso en sí mismo y, al mismo tiempo, levantar una nube de humo que sirva para desviar la atención del verdadero conflicto. No, no estoy loca o paranoica, ni siquiera soy una fan de las conspiraciones; simplemente digo lo que veo.
“Soy plenamente consciente de que, con las instrucciones para el nuevo Curso Académico, en las que se indica que todos los Profesores de Educación Secundaria tienen que completar su horario hasta las veinte horas semanales, en lugar de las dieciocho actuales.” Carta de Esperanza Aguirre a los profesores de la Comunidad de Madrid
"Sabemos que les estamos pidiendo un esfuerzo especial pero 20 horas son, en general, menos de las que trabajan el resto de los madrileños" Declaraciones de Esperanza Aguirre a la prensa.
      Desvío de atención --- Modo: On. ---- Objetivo: completado.

La población española deja caer los tenedores de la cena mientras su ojos se expanden y se contraen al ritmo del cambio de imagen del televisor de su comedor, levantan las manos horrorizados, claman al cielo y a ese Dios del que se acuerdan sólo en contadas ocasiones, y exclaman con la indignación tiñendo su voz:

“ ¿Y de qué se quejan? ¡Al menos tienen un trabajo!”
“ ¡Qué gentuza, por Dios!”
“ ¡¿ 18 horas?! ¿Y se quejan? ¡Ya les ponía yo a currar cuarenta horas al sol, y entonces si tienen huevos que se quejen! “


Fantástico. Bravo, señores, así se hace. Así es como se demuestra lo corta de miras que es la población española, tan acostumbrada a que piensen, razonen y concluyan por ellos que no son capaces de entender que les están dando gato por liebre.

No soy profesora todavía, no tengo hijos y, por lo tanto, para algunos sectores de esta sociedad brillante no tengo derecho de opinar…qué desgracia que exista la libertad de expresión, hay que ver. En fin, he tenido la oportunidad de hacer prácticas en un instituto, mantengo el contacto con el instituto dónde yo estudié y suelo ir a dar charlas a los chicos totalmente gratis para adquirir cierta soltura…y he visto muchas cosas que los señores políticos se callan. He visto profesores gastarse dinero en fotocopias en el chino de la esquina porque el presupuesto se ha quedado corto y no pueden hacer según que gastos; he visto profesores comprar rotuladores especiales para esas pizarras tan chulas (e inútiles, vamos a decir la verdad) que iban a ser la apuesta de I+D en educación y que han resultado un gasto inútil más…He visto profesores quedarse fuera de horas a cuidar a chicos, ayudarles a repasar para sus exámenes, incluso prepararles para los exámenes de acceso a módulos… y todo ello gratis, sin quejas. 

Así que cuando intentan venderme la moto sin frenos, lo siento, pero no, no la quiero y pienso denunciarlo. Decir que los profesores protestan por trabajar dos horas más es ser un caradura y un desgraciado, pero creérselo…en fin, para creérselo hay que ser muy imbécil o muy ignorante.

Los profesores se quejan porque los recortes que van a darse en educación (esos que han sido eclipsados por las 18 horas) nos afectan a todos y van a desembocar en una sociedad mal formada, con deficiencias educativas graves. Una educación elitista y minoritaria que dejará fuera a aquellos desgraciados que no tengan posibilidad de pagar una escuela privada, que abandonará a los alumnos con necesidades especiales y que colgará del palo mayor la “educación igualitaria” que nos han estado vendiendo en los últimos años.

Que la LOE es una ley socialista. Lo sé, y es una ley que se hizo deprisa y corriendo, tiene muchos fallos y pocos aciertos…¿qué le voy a hacer? Pero hacer recortes no es la solución, digo yo, y tengo todo el derecho del mundo a quejarme de esos recortes que pueden significar la decadencia de la población. Porque todos sabemos que la educación es el arma de la sociedad…cuanto más educada, más protestará, y, claro, eso a los políticos no les conviene. Mejor tener un rebaño de borregos que se dirijan a donde se les diga sin protestar, que a un montón de lobos hambrientos de información y explicaciones.

En fin, terminaré este artículo protesta contestando la siguiente afirmación de la señora Aguirre:

"para superar esta situación es indispensable que las administraciones públicas ahorren y reduzcan su nivel de gasto y de endeudamiento".
¿No se ha planteado que, a lo mejor, sería más factible bajar los sueldos de los políticos, eliminar ayuntamientos y demás cargos innecesarios de los que presumen; buscar medios de transporte más económicos para sus viajes “oficiales”; etc.? Incluso, ya que nos ponemos a hablar de horas de trabajo…¿qué pasaría si subiésemos las suyas? Los políticos sí que trabajan poco y mal, sinceramente, así que a ver si nos aplicamos el cuento, amigos míos.