domingo, 30 de octubre de 2011

Para Bea, que siempre quiere más y para aquellos lectores que tan amablemente se han pasado por aquí y se han quedado con ganas de más. Feliz víspera de Halloween.
© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)

La noche es deliciosa. La humedad sabe a gloria y la oscuridad trae consigo el despertar de un mundo que es totalmente diferente…más real, más tétrico, más macabro. Cuando la oscuridad comienza a cernirse sobre la vida de los humanos, nosotros salimos a la calle y comenzamos nuestro deambular obligado en busca de aquellos que servirán para alimentarnos.
Una vez al año, sólo una vez y durante un tiempo determinado, nos está permitido vagar con libertad por unas tierras que antes eran nuestras y que ahora pertenecen a una raza destructiva bajo las órdenes de un Dios restrictivo y cruel. Nosotros fuimos dioses y reyes. Poseímos todo lo que podéis ver ante vuestros ojos hasta que perdimos la guerra y con ella perdimos nuestro futuro. Castigados a vagar eternamente como fantasmas del pasado, ocultos a la visión de la raza imperfecta que nos sustituyó y que ahora sólo sirve para alimentarnos.
Hoy es esa noche y nadie estará a salvo de nuestra eterna hambruna. Por una noche, nosotros somos los lobos y vosotros, insignificantes humanos, sois nuestras víctimas.

Las figuras se arremolinan excitadas ante el círculo improvisado en el que se encuentran las víctimas. Jóvenes mujeres y hombres que observan con el rostro sumido en la penumbra, sin ver lo que pasa, sin saber lo que les espera…muertos en vida. El viento se desliza susurrante entre las ramas de los árboles, dejando caer gotas de agua que humedecen el rostro de los condenados  y toman la apariencia de lágrimas artificiales, como si el mismo Dios que les ha abandonado en esa noche quisiera demostrar su tristeza ante tan terrible destino.
Alguien se ríe al advertir tan irónica circunstancia y otros muchos acompañan su triste risa, mientras sus ojos llameantes rompen la oscuridad de la noche. Un búho ulula a lo lejos, un cuervo se posa furtivamente en una de las tumbas cercanas y lanza un lúgubre lamento que es acompañado, al instante, por un coro macabro procedente del bosque cercano.  Como si aquél canto fuese una señal, las figuras dejan caer las ropas que los envuelven y dejan que sus cuerpos desnudos se confundan en las tinieblas. La niebla, antes débil, comienza a espesarse y parece reptar por los cuerpos de aquellos seres; los condenados adquieren una palidez mortal mientras se ahogan en la niebla que comienza a envolver el paraje. Y ya sólo queda el silencio.
Una sombra rompe la atmósfera. Alguien, acurrucado tras una de las tumbas, observa aterrado la escena. Una joven. No tendrá más de veinte años. Entre sus manos lleva un cirio destinado a una de las tumbas que se encuentran en ese cementerio…una ofrenda silenciosa y secreta a un hombre  que amó, como otras muchas. Ahora, entre las sombras, observa los cuerpos desnudos, los rostros sin vida de los jóvenes apilados, la niebla susurrante… Se lleva una mano a la boca para evitar gritar de terror. Aquello no puede estar pasando. Su mente la urge a correr…alejarse de aquel lugar terrorífico y de aquellos locos manchados de sangre, pero otra parte de sí misma la obliga a permanecer allí. Mirando la escena e imaginando qué está pasando entre la niebla.
En algún momento el cirio cae de entre sus manos y el sonido de la cera al golpear la lápida resulta estridente. Se sobresalta y observa aterrada, esperando que alguno de esos seres aparezca de repente entre la niebla…pero no pasa nada. Suspira y, con el corazón latiendo aceleradamente, se dispone a huir de aquel lugar maldito. Se da la vuelta, notando todos sus músculos en tensión, sus pulmones luchando por respirar con tranquilidad y las piernas demasiado temblorosas como para correr. No puede moverse. Está aterrada y sus piernas se niegan a obedecer, así que se tumba sobre su estómago y repta por entre la hierba. Pasa entre las tumbas y los cirios proyectan sombras inquietantes a su alrededor.
La niebla hace difícil encontrar la salida y parece que siempre pase por delante de la misma tumba…hasta que ve la verja que indica el final de su tortura. El regreso a un mundo que conoce, un mundo en el que podrá encontrar cobijo. Sus piernas responden por fin y ella se levanta dispuesta a emprender una carrera desesperada hacia la libertad y la salvación. Sin embargo, algo la detiene. Una mano, porque ella sabe que es una mano, se ha posado sobre su hombro derecho. Su corazón se detiene mientras ella gira la cabeza para encontrarse con una mano pálida primero y un rostro hermoso después. Un joven de ojos atigrados la observa con una media sonrisa, tan incitante como inquietante.
-          Te estaba esperando, querida. – dice él y su voz es una melodía que la incita a abandonarse entre sus brazos, perderse en aquel cuerpo atlético y en aquellos ojos anaranjados que la observan en la oscuridad. – Ven conmigo, Lisa, ven y conocerás lo que sólo unos pocos tienen la fortuna de conocer.
Y ella nota su cuerpo abandonarse. Su mente grita desesperada, ruega a sus piernas que se muevan, suplica piedad…pero su cuerpo no hace caso. Nota una sonrisa extenderse por su rostro y la mano de aquel desconocido se cierra en torno a su muñeca derecha. La niebla está devorándola como a los otros y ella sólo puede lanzar un grito silencioso que no consigue salir al exterior y queda ahogado en su mente. El joven sonríe y la mira. Lisa quiere llorar pero tampoco puede, sólo es capaz de sentir su cuerpo alejándose de la salida e internándose en el cementerio, acercándose al círculo en el que los otros desaparecieron y en el que ella misma desaparecerá.

Si me preguntasen qué es lo que sentimos tras el sacrificio, podría decirte que algo semejante al calor, pero quizás estaría mintiendo. Es un frío que te quema por dentro, te hace sentir vivo y muerto al mismo tiempo…duele, pero es agradable. Todo nuestro cuerpo vive para ese instante breve pero eterno, pues seguirá en nuestra memoria durante un año, como una tortura perenne que nos obliga a recordar algo que no podremos probar.

Sí, les matamos a todos. No, no sentimos lástima de sus súplicas silenciosas. Los odiamos porque ellos son la causa de nuestra caída, ellos nos expulsaron de nuestro mundo y ayudaron a condenarnos. Su sangre resbalando por nuestros cuerpos desnudos es la experiencia más deliciosa que hayamos probado nunca.  No somos monstruos…nosotros actuamos según nuestra naturaleza, no ocultamos nuestra maldad. Los verdaderos monstruos son los humanos que ocultan esa maldad heredada de sus padres y fingen ser algo que en realidad no son.
Nuestros hijos. Hijos de la sangre, de la ira, del odio…eso es lo que son los humanos y en este día vuelven a ocupar el lugar que les corresponde. Sangre y barro.

Noche de sacrificio

                                                                                        
 De su propio espanto murieron,
sin saber quién era aquel sobre cuya frente 
la hambruna había escrito Enemigo.
Lord Byron.

Las sombras de la noche habían cubierto el cielo y la tierra se encontraba sumida en la silenciosa calma que precede a las horas del sueño. La luna, oculta tras unos jirones grisáceos, solamente conseguía dar un aspecto aún más tétrico a aquella oscuridad manchada por las nubes tenuemente iluminadas que adquirían el aspecto de fantasmales telas rasgadas por la ira de algún ser invisible.  La temperatura nocturna no ayudaba a crear una atmósfera menos amenazante; la humedad parecía haber tomado vida y reptaba por el ambiente haciendo que una ligera neblina se levantara sobre el suelo verdoso y, al recibir el reflejo de la luz de las farolas, adquiría un extraño tono grisáceo que brillaba amenazante e inquietantemente seductor…invitándote a acercarte y perderte en aquella niebla que, aunque inofensiva al principio, pronto se volvería densa y te atraparía entre sus garras.
La calle estaba desierta y silenciosa. Sólo se oía el ladrido de algún perro lejano o el sonido de un televisor encendido en alguna de las salitas de estar que daban a la calle.  De todas formas, él, la figura que observaba la escena entre las sombras nocturnas mientras caminaba con paso seguro y silencioso, no se preocupaba de aquello. Sabía que esa noche nadie saldría a la calle. Nadie advertiría que alguien andaba deambulando por el tranquilo barrio residencial, ni que algo se estaba moviendo en las sombras.
La verja de hierro estaba oxidada y cubierta de musgo. Observó con una sonrisa torcida la iglesia que se levantaba ante sus ojos. Siempre le había parecido irónico que se reunieran en un lugar como aquél, levantado en honor del dios que les desterró y les obligó a vivir en un mundo cubierto de barro donde unos seres  que se creían civilizados luchaban por levantarse y dominar a los demás habitantes…  Estúpidos mortales, pensó y el viento hizo susurrar a los árboles cercanos como respuesta. Sin dejarse amilanar por el aspecto imponente de la vieja iglesia que ya sólo se usaba para oficiar la misa del domingo y algunas bodas para gente importante,  levantó el oxidado cerrojo que mantenía la puerta anclada en su sitio y entró en el camposanto acompañado del chirriante sonido de la verja al cerrarse.
El cementerio estaba iluminado con velas. Velas depositadas durante la tarde por las familias de los que allí reposaban, algunos lo hacían mediante una intrincada ceremonia que implicaba montones de lágrimas y falsas palabras; otros acudían allí en el silencio del atardecer a depositar una ofrenda que estaba cubierta de secretos y vergüenza. Le encantaba observar a aquellas personas desconocidas que acudían arropadas por la noche a las tumbas de un amante y fiel esposo que había sido más lo primero que lo segundo, porque ahí se demostraba el auténtico carácter de la raza humana. Sacudió la cabeza para sacar de su mente aquellos pensamientos que sólo servían para nublar su juicio y que hacían hervir su sangre, y continuó atravesando el cementerio zigzagueando entre las cruces de piedra cubiertas de musgo y hiedra.
Al fondo, donde las tumbas eran reemplazadas por árboles y la luz de las velas no lograba hacer nada contra la oscuridad, le esperaban. Esa noche era su noche. La única noche del año en el que eran libres de pasear por el mundo como lo que eran: dioses. Rostros hermosos le observaron en la oscuridad. Rostros hermosos cubiertos ya de la sangre de sus primeras víctimas. Porque aquella noche era la noche del sacrificio y ellos habían estado esperando durante un año entero entre las sombras, acechando a sus víctimas, conduciéndolas hacia aquel destino escrito por ellos… Y la noche siguiente se alzarían. Pasearían entre los estúpidos animales que eran aquellos humanos, todos disfrazados en honor a una fiesta que había perdido su significado, y se alimentarían de ellos como quien acude a un buffet libre. Sueños, miedos, ambiciones, felicidad…alimentos ansiados durante todo el año y que sólo podían obtener en la noche del 31 de Octubre, después de haberse bañado con la sangre de sus víctimas y haber dejado que el espíritu de los antiguos dioses penetrara en ellos de la manera en que solía hacerlo.

lunes, 17 de octubre de 2011

La mudanza

Bueno, amigos míos, parece que el descanso ha propiciado el regreso de mis musas, aunque parecen un poco reacias a retomar los proyectos ya empezados y bastante más inclinadas a la experimentación...son como niñas, oye. Así que, siguiendo sus deseos y antojos, aquí os dejo este pequeño relato que espero os guste, pero antes de nada quiero dedicarles este relato tan especial a unas personas muy especiales que se han colado en mi vida gracias a internet y que se han convertido en auténticas amigas y maestras.
Gracias, mis princesas: Bea, Jules, María, Raquel (que, por cierto, tienen unos blogs maravillosos que encontraréis en el apartado de "Un paseo por la blogosfera"). Sois una verdadera fuente de inspiración y os deseo lo mejor, amigas mías.


 
© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)

Las cajas se apilan contra la pared de color crema, tambaleantes y pesadas amenazan con desplomarse y sepultarla bajo aquel peso muerto que constituye una vida entera. Mira de nuevo aquellos tristes trozos de cartón y no puede evitar sentirse derrotada por lo que aquello significa: cambios. Siempre ha odiado los cambios porque tienden a significar que la vida se convierte en una cuerda floja tendida sobre un oscuro abismo cuyo final no puedes apreciar claramente y tú te ves obligado a caminar a ciegas, esperando que aquella cuerda fina y desgastada aguante tu peso y no te haga precipitarte hacia lo desconocido.
Mudarse es algo íntimo, personal y doloroso que te deja todas las terminaciones nerviosas afectadas e inservibles durante un tiempo que siempre resultará demasiado largo. Ella tiene que enfrentarse con una mudanza exprés que no le permite tomarse el tiempo necesario para despedirse de cada rincón de la casa en la que ha pasado la mayor parte de su vida...tantos recuerdos que van a quedarse atrás, olvidados entre las sombras de unas persianas bajadas y los montones de polvo que pronto volverán a acumularse como si quisieran demostrar que aquel lugar ha pasado a pertenecerles. Conquistadores oportunistas de desgracias, eso es lo que son. Sonríe con nostalgia al descubrir una carta olvidada del que fue su primer amor y que ella creía perdida...son cosas que sólo se encuentran en una mudanza, como si el cosmos intentase hacer más sencillo ese trámite vital a través de recordatorios de una vida feliz y plena que va a seguir avanzando aunque cambies tu lugar de residencia. El cosmos y su extraño sentido del humor.
Ya queda poco de lo que era su habitación. La cama y el escritorio son los únicos supervivientes de ese exilio masivo que ha llegado tan repentinamente como el frío que comienza a colarse por la ventana abierta. Escucha el trinar de los pájaros y el silencio del atardecer en esa pequeña urbanización, y sabe que echará de menos la quietud y la paz que parecen envolver la zona durante el otoño y el invierno...un total abandono de la fugacidad de la vida cotidiana, un remanso de paz en la locura del vivir, un oasis de tranquilidad sólo roto por la visita de los adolescentes vecinos y sus risas hasta la caída de la noche...Incluso echará de menos a esos jóvenes deslenguados y escandalosos que se reúnen cada fin de semana en la esquina de enfrente, sin importarles si sus voces o su música molestan a los vecinos.
Da la vuelta y suspira antes de cerrar la puerta de la habitación que ya no será más suya. Una habitación que la ha visto crecer, ha sido testigo de sus lágrimas y de sus enfados, ha vivido rupturas y reencuentros...cómplice y testigo de una vida cargada de momentos amargos y dulces. Cierra la puerta y, al desaparecer la visión de las cajas apiladas, siente que su pecho se inflama en libertad y una nueva esperanza comienza a tomar forma con lentitud y desconfianza, temerosa de ser expulsada si se forma con demasiada rapidez. Sonríe y sabe que ese no es el fin de una vida, sino el inicio de una nueva vida.

domingo, 16 de octubre de 2011

El bar o la muerte de un corazón

     

















© Tamara Díaz
(Reservados todos los derechos)


Me apetece decirte que ayer te volví a ver y mi corazón parece que quisiera salirse del pecho para acudir a tu encuentro, incluso mis piernas se movieron solas y mi boca esbozó una sonrisa idiota que pretendía ser un reflejo de la felicidad que sentía al ver de nuevo tu rostro.
Me apetece contarte que estuve observándote durante un tiempo desde aquel rincón oscuro del bar, con una cerveza en la mano y la intención de reunir la suficiente valentía como para acercarme y decirte algo ingenioso, hermoso o, simplemente, algo, aunque fuese tonto y careciese de sentido. Sin embargo, mi cuerpo parecía haberse quedado paralizado y no estaba por la labor de hacerme caso...las piernas me temblaron y el pulso se aceleró, incluso noté unas pequeñas palpitaciones y esa angustiosa sensación de estar enterrada viva que precede a un momento de nervios.
Me apetece que sepas que bebí la cerveza con rapidez, observando tus gestos y aquella sonrisa despreocupada mientras conversabas con tus amigos. Me sentí imbécil al encontrarme intentando leer en tus labios unas palabras dirigidas a mí, quizás el deseo de volverme a encontrar semejante al que me atenazaba en ese momento...Esperé, sentada en el sucio taburete que servía para evitar mi caída al suelo, que girases la cabeza y me vieses, pero no pasó. Hubo una ocasión en la que me pareció que me veías y sonreías...pero no era a mí. Esa chica que ahora ocupa mi puesto, un puesto que yo abandoné porque no supe apreciar, había aparecido de la nada y yo ni siquiera la había visto llegar.
Me apetece contarte que me arrepiento cada día de haberte dejado escapar, que pienso que fui una tonta al perseguir un sueño y dejarte a un lado. Quiero que sepas que no hay una sola noche en la que no sueñe que continúo a tu lado, me despierto y veo tu rostro tranquilo sonriendo entre las brumas de los sueños mientras tu brazo descansa protector sobre mi estómago... Quería decirte que echo de menos tus risas, tus bromas y tus enfados; esos ojos chispeantes que parecían desnudarme mientras hablaba y esa sonrisa pícara que me anunciaba un ataque en toda regla.
Me apetece que sepas que me fui del bar dejando tras de mí mi alma, y mi corazón creo que se quedó en ese mismo rincón oscuro desde el que te observaba, quizás ahogando sus penas en alcohol mientras se desangra lentamente sobre la sucia barra del bar, entre colillas, pipas y charcos de whisky barato.



sábado, 15 de octubre de 2011



-´´

Buenos días, lectores y amigos.
La entrada de hoy no tiene mucho de especial, la verdad. Sólo quiero informaros de que, debido a cambios bruscos y no deseados en mi vida, estoy un poco ausente de la blogosfera.
Me toca mudarme y las mudanzas son cosas jodidas, la verdad...¿sabéis cuánta mierda inservible y sentimentalista acumulamos a lo largo de los años? Yo no tenía ni idea, pero ahora lo empiezo a tener un poco más claro: mucha. He encontrado juguetes de mi infancia, las notas del cole (por cierto, una profesora de la que guardo muy mal recuerdo me puso una notita diciendo que tenía problemas con la lengua española, que era incapaz de redactar y que aparentaba necesitar un especialista...estoy por visitarla y recomendarla encarecidamente este blog o alguno de mis artículos en periódicos...maldita), cuadernos llenos de ejercicios de ortografía o sumas, un monopatín, etc etc. Ayer me tire dos horas en el sótano (el cajón desastre de mi casa) intentando decidir qué se queda y qué se va con nosotros...creo que lo hice mal porque se vienen más cosas de las que se quedan
Uno de los descubrimientos que más ilusión me hizo fueron los antiguos periódicos del instituto, en los que yo llevaba la sección de literatura... ¡qué recuerdos! He encontrado mi artículo sobre Bécquer y sobre Tolkien, los he releído y me he dicho: "leches, escribía bien para tener 16 añitos", y se me ha subido la moral, por lo menos algo bueno tenía que tener la dichosa mudanza, ¿no?
Otra cosa extraña que me ha sucedido esta semana, aunque ya no tiene nada que ver con la mudanza, sino con el blog, es que un anónimo ha dejado en la entrada titulada "Desvaríos" un link a un blog llamado Enone. No sé si lo sabréis, imagino que sí, pero Enone es mi nombre de guerra desde los 19 añitos y esta coincidencia me ha dejado muerta. Más si pensamos que no tengo ni idea de quién es o cómo ha llegado a este blog. El blog de Enone me ha gustado, es curioso, aunque dejé un comentario y el autor/a misterioso contestó con un relato titulado Los Otros que me dejó nuevamente patidifusa... Ya veremos si consigo averiguar quién es el autor y cómo ha llegado hasta aquí (¿casualidad o no?)

Bueno, pues poco más os tengo que decir salvo que me perdonéis si no os dejo un artículo maravilloso o un cuento o un desvarío de los míos...esperad...vale, creo que este post entra dentro de desvaríos, ¿no? Vale...el caso es que voy a estar una temporada ausente, pero volveré a dar vida a este blog tan pronto como tenga tiempo.

domingo, 9 de octubre de 2011

Desvarío

Está oscuro. Realmente oscuro. No puedo ver nada a mí alrededor, solo unas sombras errantes que no consigo discernir con claridad y que me asustan más que tranquilizarme. No es la ausencia de luz lo que me preocupa. No. Hace años que vivo en una oscuridad continua y hemos llegado a un pacto extraño que me hace más fácil moverme entre las sombras; lo que realmente me preocupa es la densidad de esa oscuridad que parece amenazar con tragarme y no dejarme volver a salir.

Es una oscuridad extraña. Se me pega a la piel y me hace sentir una presión desconocida en el pecho…una sensación que no me gusta nada. Y, sin embargo, aquí sigo. De pie en la oscuridad, forzando la vista para encontrar algún indicio que me lleve de vuelta a la superficie…allí donde la oscuridad se hace menos sofocante, menos espesa…más soportable, incluso segura. Porque para mí la oscuridad siempre ha sido eso: seguridad. Una capa protectora que me cubre de esos malditos rayos de luz que se cuelan en el alma, te hacen sentir mil cosas maravillosas y luego, como si fueran bombas temporales, estallan dentro dejando tu alma y tu corazón derruidos, una zona cero de la que poco se salva y lo que se salva siempre estará manchado de negro. Odio esa sensación…la sentí en varias ocasiones antes de decidir que la oscuridad era el mejor lugar, donde esos rayos de luz no podían penetrar más que débilmente, nada amenazadores ni peligrosos. Podía mirarlos, ver su tenue resplandor y disfrutar del ligero calor que desprendían… un calor que no iba a aumentar hasta quemarme viva entre gritos silenciosos de dolor y socorro que nadie podría oír o nadie querría oír. Ahora echo de menos ese resplandor en la oscuridad. Un resplandor que me recordaba que aún seguía con vida, que aún había cosas por las que luchar…

No sé cómo me hundí tanto. Creí que lo controlaba, a lo mejor me equivocaba y yo nunca he controlado nada. Quizás pensé que mantenerme en la oscuridad había sido elección mía y no era así…quizás fue la elección de otros. ¡Quién sabe! También esa sensación de alivio y seguridad puede haber sido un espejismo…la verdad es que ya no recuerdo cómo era vivir en la superficie, allí donde los rayos de luz lamían mi cuerpo y calentaban mi corazón, allí donde todo era tan luminoso que dolía mirarlo… Me sumí en una oscuridad desconocida y dí gracias por tenerla.  Este debe ser, pues, mi castigo. ¿No querías oscuridad? ¡Toma oscuridad! Pero ahora ya no me siento a salvo…necesito volver arriba, salir de este pozo negro y sin fin, volver a ver los rayos de luz… Necesito volver al principio y sé que es imposible. Tan imposible como desear que ese precioso jarrón de porcelana que has tirado y roto en mil pedazos vuelva a recomponerse y a ser el mismo que era antes de su caída. Yo soy ese jarrón roto en mil pedazos, supongo, y va a ser complicado que vuelva a reunir todas las piezas que han ido quedando dispersas por ahí… sin embargo, lo intento. Recojo las piezas, por pequeñas que sean, y las coloco delante de mí, esperando ver un patrón que me permita reconstruir el jarrón. Me faltan algunas que sé no encontraré porque alguien las ha robado y tirado a la basura; otras las regalé desinteresadamente pensando que no me servirían de nada, otras se han perdido… Y así sigo buscando un patrón y ese patrón se esconde, yo no puedo verlo en esta maldita oscuridad que se me hace agobiante y me impide pensar con nitidez. Creo que, incluso, noto una humedad creciente…¿podrá ser que la oscuridad también llore?

Es impensable. Imposible. Un punto muerto. Ya me he cansado de intentar reconstruirme. El jarrón no volverá a ser un jarrón porque faltan demasiadas piezas pero, a lo mejor, si me pongo a ello puedo convertir ese jarrón en un bonito cuenco o en una jarra…Algo diferente creado de lo antiguo. Es una idea genial. Noto la esperanza crecer en mi pecho ante la idea de poder dar forma a un nuevo yo, un yo más acorde con mis nuevas sensaciones…quizás ese nuevo yo sí que sea capaz de emerger a la superficie. Abandonar esa oscuridad en la que mi antiguo “yo” se ha hundido arrastrado por mil piedras que le impiden volver. 

Sí, mi nuevo yo saldrá adelante; abandonará el foso en el que me he metido y emergirá a la luz radiante de los rayos. Dejará que el calor de esos rayos acaricie su piel con intensidad, disfrutará con el fuego y aprenderá de los incendios y devastaciones que causará… será capaz de apreciar que la oscuridad no es seguridad, sino la cobardía de quien no quiere enfrentarse al mundo de luz que tenemos delante. Mi nuevo yo será más fuerte, más sensato, más prudente…mi nuevo yo será una mezcla perfecta de oscuridad y luz.

lunes, 3 de octubre de 2011

La realidad que muchos no ven o prefieren no ver.

Estoy cansada, realmente cansada de escuchar acusaciones vacuas e irrazonables acerca de la protesta del profesorado (entre otras cosas, claro). Ya no porque ponen en duda la capacidad docente del profesorado español, sino porque niegan la buena voluntad y la vocación docente del 90% del profesorado en España y, lo que es más grave, ponen de manifiesto la ignorancia encubierta que la política española ha instaurado en este país a base de leyes absurdas, recortes innecesarios y bombas de humo lanzadas al azar.

Desde que tengo uso de razón he protestado y he exigido una educación de calidad; ultimamente me he subido al carro de la protesta del profesorado por los recortes que van a llevarse a cabo en el sector educativo y que, por mucho que lo intenten camuflar, van a acercarnos un poquito más a esos países del tercer mundo a los que negamos pertenecer. Y desde que me he sumado a la protesta he tenido que escuchar todo tipo de sandeces y sin sentidos que me han dejado patidifusa y bastante airada por la ignorancia y la tontería que existe en nuestro país. Entre otras cosas, lo más normal es que me acusen de ser una "roja" que sólo se queja porque es la señora Esperanza la que ha hablado de recortes, una acusación infundada que termina con la típica coletilla de: "pues esta ley de educación es socialista, que lo sepas." Pues nada, como diría mi madre, esto es como quien tiene tos y se rasca los huevos.

Por suerte o por desgracia (me inclino más bien por la segunda opción), pertenezco a la minoría de la sociedad española que sabe pensar por sí misma, sacando conclusiones de lo que ve y oye, escuchando con atención lo que se esconde detrás de las palabras...es decir, soy de las pocas afortunadas o desgraciadas que pone en uso el raciocinio ese que supuestamente nos separa de los animales. Así que entiendo que, en el panorama político actual (no sólo en España, ojo), no existe la más mínima diferencia entre unos partidos y otros, así que me da igual quien ha dicho esto o quien ha hecho lo otro, lo que realmente me importa es la consecuencia resultante de lo dicho y lo hecho… algo que parece haber perdido toda la importancia que debiera tener. De este modo, si un partido (ya sea azul, rojo, amarillo o color arcoíris) dice que piensa que pintar los edificios de Madrid de color azul cielo con preciosas nubecitas … Pues qué queréis que os diga, no pienso en quién lo ha propuesto, sino en la cantidad de aviones que se van a estrellar por culpa de tan dicharachera propuesta.

Lo mismo me pasa con la educación (el avión) y los famosos recortes (la nueva pintura) que pretenden lavar la cara a un sistema educativo defectuoso en sí mismo y, al mismo tiempo, levantar una nube de humo que sirva para desviar la atención del verdadero conflicto. No, no estoy loca o paranoica, ni siquiera soy una fan de las conspiraciones; simplemente digo lo que veo.
“Soy plenamente consciente de que, con las instrucciones para el nuevo Curso Académico, en las que se indica que todos los Profesores de Educación Secundaria tienen que completar su horario hasta las veinte horas semanales, en lugar de las dieciocho actuales.” Carta de Esperanza Aguirre a los profesores de la Comunidad de Madrid
"Sabemos que les estamos pidiendo un esfuerzo especial pero 20 horas son, en general, menos de las que trabajan el resto de los madrileños" Declaraciones de Esperanza Aguirre a la prensa.
      Desvío de atención --- Modo: On. ---- Objetivo: completado.

La población española deja caer los tenedores de la cena mientras su ojos se expanden y se contraen al ritmo del cambio de imagen del televisor de su comedor, levantan las manos horrorizados, claman al cielo y a ese Dios del que se acuerdan sólo en contadas ocasiones, y exclaman con la indignación tiñendo su voz:

“ ¿Y de qué se quejan? ¡Al menos tienen un trabajo!”
“ ¡Qué gentuza, por Dios!”
“ ¡¿ 18 horas?! ¿Y se quejan? ¡Ya les ponía yo a currar cuarenta horas al sol, y entonces si tienen huevos que se quejen! “


Fantástico. Bravo, señores, así se hace. Así es como se demuestra lo corta de miras que es la población española, tan acostumbrada a que piensen, razonen y concluyan por ellos que no son capaces de entender que les están dando gato por liebre.

No soy profesora todavía, no tengo hijos y, por lo tanto, para algunos sectores de esta sociedad brillante no tengo derecho de opinar…qué desgracia que exista la libertad de expresión, hay que ver. En fin, he tenido la oportunidad de hacer prácticas en un instituto, mantengo el contacto con el instituto dónde yo estudié y suelo ir a dar charlas a los chicos totalmente gratis para adquirir cierta soltura…y he visto muchas cosas que los señores políticos se callan. He visto profesores gastarse dinero en fotocopias en el chino de la esquina porque el presupuesto se ha quedado corto y no pueden hacer según que gastos; he visto profesores comprar rotuladores especiales para esas pizarras tan chulas (e inútiles, vamos a decir la verdad) que iban a ser la apuesta de I+D en educación y que han resultado un gasto inútil más…He visto profesores quedarse fuera de horas a cuidar a chicos, ayudarles a repasar para sus exámenes, incluso prepararles para los exámenes de acceso a módulos… y todo ello gratis, sin quejas. 

Así que cuando intentan venderme la moto sin frenos, lo siento, pero no, no la quiero y pienso denunciarlo. Decir que los profesores protestan por trabajar dos horas más es ser un caradura y un desgraciado, pero creérselo…en fin, para creérselo hay que ser muy imbécil o muy ignorante.

Los profesores se quejan porque los recortes que van a darse en educación (esos que han sido eclipsados por las 18 horas) nos afectan a todos y van a desembocar en una sociedad mal formada, con deficiencias educativas graves. Una educación elitista y minoritaria que dejará fuera a aquellos desgraciados que no tengan posibilidad de pagar una escuela privada, que abandonará a los alumnos con necesidades especiales y que colgará del palo mayor la “educación igualitaria” que nos han estado vendiendo en los últimos años.

Que la LOE es una ley socialista. Lo sé, y es una ley que se hizo deprisa y corriendo, tiene muchos fallos y pocos aciertos…¿qué le voy a hacer? Pero hacer recortes no es la solución, digo yo, y tengo todo el derecho del mundo a quejarme de esos recortes que pueden significar la decadencia de la población. Porque todos sabemos que la educación es el arma de la sociedad…cuanto más educada, más protestará, y, claro, eso a los políticos no les conviene. Mejor tener un rebaño de borregos que se dirijan a donde se les diga sin protestar, que a un montón de lobos hambrientos de información y explicaciones.

En fin, terminaré este artículo protesta contestando la siguiente afirmación de la señora Aguirre:

"para superar esta situación es indispensable que las administraciones públicas ahorren y reduzcan su nivel de gasto y de endeudamiento".
¿No se ha planteado que, a lo mejor, sería más factible bajar los sueldos de los políticos, eliminar ayuntamientos y demás cargos innecesarios de los que presumen; buscar medios de transporte más económicos para sus viajes “oficiales”; etc.? Incluso, ya que nos ponemos a hablar de horas de trabajo…¿qué pasaría si subiésemos las suyas? Los políticos sí que trabajan poco y mal, sinceramente, así que a ver si nos aplicamos el cuento, amigos míos.